Saber emancipador y la descolonización del pensamiento-acción[1]

Elizabeth Alves Pérez

En realidad, el sujeto será realmente activo sólo si es capaz de distinguir lo viable de lo puramente deseable, es decir, si su acción se inscribe en una concepción del futuro como horizonte de acciones posibles.

Hugo Zemelman (2011)

Cualquier sociedad que pretenda cambiar el rumbo de la historia, en contra del orden establecido, debe asumir el resto de crear teoría para la acción desde su praxis y realidad histórico-social particular; no existen manuales ni leyes de la historia para ello. De esta forma, la teoría sobre y desde la praxis se configura y reconfigura por la acción dialógica-colectiva desde los propios escenarios de lucha por el cambio social de raíz, donde la experiencia de vida juega un papel fundamental. Comprendemos al sujeto político colectivo como productor y producto de su propio cambio; en la creación de condiciones y circunstancias favorables para poder superar al capitalismo, fuertemente enraizado en la sociedad, e ir venciendo los obstáculos y amenazas concretas que se presentan en el camino. Negar esto es negar la propia historia de desarrollo de la humanidad.

Constituye un desafío histórico y un reto político-cognitivo el diseñar medidas y estrategias colectivas para actuar en contracorriente y enfrentar fuerzas internas y externas, obviamente superiores a las fuerzas del cambio, que se han mantenido en una relación de dominación-subordinación por distintas razones históricas. Pero que a pesar de su poder de destrucción aún no han podido destruir todas las formas de resistencia de los pueblos por el reconocimiento de su identidad histórico-cultural y de su relación con los territorios y su cultura, así como tampoco eliminar las formas de insubordinación y rebelión que emergen del pueblo oprimido y que genera el propio capitalismo por su lógica discriminatoria, represiva y coercitiva, que se impone con una gran fuerza económica y bélica para mantener su hegemonía. Esto sin duda demanda inteligencia y sabiduría popular para crear alternativas y caminos en medio de un gran dinamismo y tensión social, que exige comprender el lenguaje de los pueblos para descifrar el curso de la historia e incidir en él. Como afirma Holloway (2011:24)[i] “Nuestra tarea es aprender el nuevo lenguaje de la lucha y, aprendiendo, participar en su formación”.

En la actualidad presenciamos una lucha hegemónica por el poder mundial con tendencia creciente a la concentración de capitales sin precedentes en la historia, y una mercantilización acelerada de los territorios y la vida cotidiana en general que está destruyendo la naturaleza e incrementado la injusticia y exclusión social a niveles impresionantes. Esto vulnera los derechos humanos, impide los desarrollos endógenos y reduce la soberanía de los pueblos a nivel mundial en las decisiones vitales de su existencia. Participar en un proceso histórico donde los sujetos sean protagonistas de su propia historia plantea métodos que permitan comprender su praxis de creación de teoría para la acción, y de (re)creación de teoría-transformadora con visión de futuro posible.

En el capitalismo la historia de la colonización se inició, de forma significativa y masiva en América desde hace más de 500 años y se extendió a otros continentes y hasta nuestro días, con diferencias estratégicas significativas. El control político, social y económico sobre extensos territorios, expropiados a la fuerza y con gran violencia, contribuyó con la creación de riqueza para el capital originario, y aún sigue teniendo el mismo fin aunque combinado con sofisticadas formas de explotación, opresión y nuevas formas de despojo y espoliación de recursos de la naturaleza, para el suministro de materia bruta y prima, en distintos territorios a nivel mundial, controlados por las grandes corporaciones económicas que siguen realizando genocidios, ecocidios y destrucción de culturas enteras. A lo largo de estos siglos se han innovado estrategias en el capitalismo para responder a sus propias crisis y modelos de acumulación de capital. Esto ha generado una gran tradición de investigación en el propio terreno de la acción comunitaria en la defensa de sus hábitats y contra toda forma de dominación-subordinación que le impida decidir sobre su propio destino, poco reconocido en tanto va en contra del orden mundial establecido e institucionalizado.

Hoy la colonización, en la nueva ortodoxia liberal, es entendida como parte del poder económico-hegemónico y de control político-ideológico a la población en una relación de dominación-subordinación al poder constituido, ajeno a los intereses del pueblo en general. Reduce sistemáticamente la soberanía e independencia política y social, subordinadas al mercado y las políticas financieras mundiales, para imponer decisiones económicas entre países y al interior de estos. La imposición implica el incremento de la violencia simbólica y física del Estado, como institución en su conjunto, hacia sectores particulares, grupos, comunidades y pueblos, por distintas razones discriminatorias y excluyentes –étnicas, lingüísticas, religiosas, de género, sociales o culturales– y que en el fondo revela el desconocimiento de la naturaleza pluricultural y de cosmovisiones distintas coexistente en la actualidad en todas las formaciones socio-estatales. En esta relación de dominación-subordinación se destaca el despojo-dominio de sus territorios, la desestabilización de sus sistema políticos de gobierno –o posibilidades de tenerlo– y la destrucción de culturas que se resisten al dominio hegemónico mundial. Este mecanismo garantiza mayor explotación-opresión al pueblo trabajador y la elevación del beneficio de la acumulación del capital. Adicionalmente el sistema capitalista/colonialista favorece la exclusión social creciente de sectores socialmente “desechados” en tanto no les son útiles a los fines que persiguen.

Conocer la realidad en su esencia cambiante y cambiable es fundamental que se haga desde una perspectiva científica que rompa con la cultura hegemónica e ideologizada que garantiza la reproducción del actual estado de cosas. La clave está en la recuperación de la capacidad crítica y reflexiva que valora al individuo en su colectivo y la relación de éste con muchos más, articulando territorialmente espacios para la vida cotidiana en la que se integra pasado, presente y futuro de un saber-hacer para reproducir la existencia, con valores distintos a la sociedad de consumo y la libre competencia; que exacerban el individualismo y el egoísmo que antepone el interés y derecho individual sobre el colectivo, e incrementa la injusticia social, la discriminación y la exclusión de grandes contingentes sociales en la actualidad.

Esta aproximación conceptual nos remite a precisar, de acuerdo a cada realidad estudiada, su necesaria e indispensable contextualización histórico-cultural y de la comprensión teórica-crítica de la actual situación de división y organización del trabajo mundial. Esto la ubica, a su vez, en la relación centro-periferia, de carácter antagónico, no dicotómico. Romper esta relación dialéctica implica un cambio sistémico, que redefina el concepto de desarrollo-subdesarrollo que se enmarca en la idea del “progreso capitalista” como única alternativa social viable. La lucha por la independencia, por defender la soberanía y la dignidad de los pueblos continúa aunque las historias y las circunstancias hayan cambiado y sigan cambiando y los sujetos sociales tomen conciencia de ello y se empoderen de dicho conocimiento. Empoderamiento en el que, según Montero (2003:72)[ii], los miembros de una comunidad (individuos interesados y grupos organizados) desarrollan conjuntamente capacidades y recursos para controlar su situación de vida, actuando de manera comprometida, conciente y crítica, para lograr la transformación de su entorno según sus necesidades y aspiraciones, transformándose al mismo tiempo a sí mismos.

El sujeto político vincula históricamente y le da continuidad a la acción del presente, partiendo de la existencia de una inteligencia colectiva. En su dinámica de intercambio en encuentros colectivos formativos desarrolla y potencia habilidades dialógicas y de reflexión crítica en su propio proceso de autoformación. Crea y recrea ideas, las comparte y manifiesta capacidad de construcción colectiva, sabiendo escuchar, discernir, respetar las ideas de los demás, y construye argumentaciones razonadas. Desarrolla su capacidad de auto-corrección en el proceso de aprender-haciendo con significado. Desde esa perspectiva concebimos que se desencadena el cambio social de raíz por la propia fuerza popular que protagoniza y crea caminos para dicho cambio.

En su proceso de cambio planificado los sujetos protagonistas se encuentran con situaciones, muchas de ellas contingentes y otras estructurales, que se hacen visibles o se intensifican sus efectos, producto de los enfrentamientos sociales, que no están contenidos en el diagnóstico previo realizado del pasado reciente. A lo sumo pueden plantearse posibles tendencias sociales, que implica comprender en esencia el curso de la historia. Conocer la realidad en estas condiciones demanda creatividad y capacidad innovadora. Todo intento de ampliar los márgenes de autonomía e independencia de un Estado/nación se contrapone a la lógica del capital, cada vez más centralizada en las grandes corporaciones mundiales que dominan el mercado y la sociedad en su conjunto. Es necesario partir de la comprensión de esta compleja realidad mundial en la que se ubican todas las formaciones socio-estatales, con grandes diferencias entre ellas, en su interior y en sus relaciones mutuas, que permitan reconstruir un contexto histórico-cultural y geopolítico de cada caso en estudio.

El proceso de mundialización del capitalismo como sistema hegemónico con distintas y variadas formas de organización social y sistemas políticos que lo institucionalizan en las distintas formaciones socio-estatales, articula interna y externamente a éstas a través de la organización mundial del trabajo, de modo que se garantice la máxima mercantilización de la vida social, con el propósito central de acumulación y concentración de ganancias en manos de los capitalistas, que además presentan grandes diferencias en la concentración de capitales. Esto ha implicado la homogenización de la sociedad del consumo y el incremento de la discriminación de acuerdo al poder adquisitivo, así como la colonización global del pensamiento y la acción social. Esta publicación sintetiza un nuevo intento intelectual por seguir contribuyendo a configurar un nuevo hacer-histórico-transformador, desde la perspectiva de los sujetos protagonistas de un cambio social de raíz, y desde los propios escenarios de lucha social en la  convulsionada actualidad, por tanto, fundamos esta propuesta en una teoría crítica y emancipadora de la realidad y en una visión histórico-dialéctica que nos permita entrar en las entrañas de la realidad y descubrir las claves de su movimiento y potencial de cambio necesario y posible.

La aparición preponderante del “trabajo informal” y “trabajo precario” así como los cambios en la organización entre el trabajo material e inmaterial en los procesos socio-productivos, en el actual desarrollo del capitalismo mundial, han incidido significativamente en el debate que se ha realizado tanto en el siglo XX como en el XXI y han obligado a redefinir el concepto de trabajo social en el capitalismo histórico y con ello la expresión estrecha que se hace del proletariado[iii] por una gran parte de los teóricos de hoy. En términos generales se tiende a reducir a una visión que niega la propia historia de las relaciones sociales de producción, con sus diferencias contextuales –espacio/temporales– y las del desarrollo de las fuerzas productivas, que incluye la fuerza de trabajo. Para superar esta estreches conceptual y práctica es indispensable, desde una perspectiva histórico-dialéctica, no separar el proceso de producción, tal como lo señalaban Marx y Engels en 1857 (1989:39)[iv].

Producción, distribución, cambio y consumo forman así un silogismo con todas las reglas: la producción es el término universal; la distribución y el cambio son el término particular, y el consumo es el término singular con el cual el todo se completa.

El consumo incluye tanto las mercancías como la fuerza de trabajo durante la producción de nuevas, además del consumo de la nuevas mercancías producidas, por lo que se da durante y después de los procesos de producción concretos de carácter social, hoy en su mayoría inter-territorial. Solo así es posible comprender la compleja organización y división del trabajo a nivel mundial y la articulación en redes productivas mundialmente articuladas. Esto implica dejar de ver al trabajador o trabajadora de manera individual para comprender la contradicción fundamental trabajo asalariado/capital y superar el mito del trabajo industrial como proceso productivo diferenciado del de servicio. Además comprender la generación de plusvalía u otro tipo de ganancia reducida a los procesos individuales o colectivos en una sola unidad productiva.

Al redefinir el trabajo y su organización des-territorializada, pero cada vez más articulada para la acumulación de capital y generación de ganancias, también se redefine al trabajador(a) dentro de una gran diversidad, asimetría y complejidad más abarcante. De esta forma, el concepto de clase trabajadora incluye a sectores sociales explotados y oprimidos por las relaciones capitalistas de producción a las que están sometidos como única posibilidad de garantizar las condiciones concretas de reproducción de la existencia en sociedad. En otras palabras, que están obligados a vender su fuerza de trabajo o el producto de su trabajo como única forma de sobrevivencia y la de su familia, aunque algunas de ellas no se expresen en forma dineraria[v]. La proletarización del campo es un concepto muy importante de desarrollar debido a la industrialización de la agricultura y la minería –ambas de carácter territorial–, con sus modalidades de acuerdo a la división y organización del trabajo. Asimismo se incluyen como parte de la clase trabajadora, las y los desempleados, los pensionados y del trabajo doméstico no asalariado.

Esta mercantilización de la fuerza de trabajo se hace ya no solo desde un capitalista o grupo particular, sino de una clase que la despoja de forma colectiva, sin interesar, para sus fines concretos, quiénes de éstos grupos son los mayores beneficiarios. El ser una clase explotada u oprimida en sus distintas versiones y diferencias no implica por ello sentirse parte de ella, ni tener conciencia de ello. La conciencia de clase es un acto político de mayores implicaciones que se adquiere en la lucha por la transformación de la superación de las condiciones de explotación y opresión, que también varían en el tiempo de acuerdo a la fuerza de dicha clase, de su organización, poder político y proyección de transformación social de raíz. Justamente de esto tratamos a lo largo del texto.

El rescate de esa condición humana que niega el capitalismo pasa por eliminar la enajenación o alienación del trabajo, que entre otras cosas nos impide actuar en colectivo. La tarea nuestra implica comprender la conexión que tiene el desarrollo del capitalismo con la naturaleza del ser humano en sociedad. Desde la propiedad privada, la enajenación del trabajo, la tierra y la propia condición genética del hombre y la mujer, hasta las manifestaciones personales de la codicia y la competencia entre los seres humanos. La enajenación capitalista, donde la fuerza de trabajo es mercancía, convierte la actividad vital del trabajo humano, en un simple medio para su propia existencia. Por una parte, la sociedad capitalista parecería imponer una indiferencia hacia los demás y una rivalidad que niegan todo tipo de cooperación, trabajo colectivo y solidaridad. Y por otra, impide comprender las razones que explican este comportamiento (Alves, 2013:242)[vi]. Al respecto Marx, en 1844 (2001: 65-66) [vii] afirmaba:

Una consecuencia inmediata del hecho de estar enajenado el hombre del producto de su trabajo, de su actividad vital, de su ser genérico, es la enajenación del hombre respecto del hombre. Si el hombre se enfrenta consigo mismo, se enfrenta también al otro. Lo que es válido respecto de la relación del hombre con su trabajo, con el producto de su trabajo y consigo mismo, vale también para la relación del hombre con el otro y con trabajo y el producto del trabajo del otro. (…) Recuérdese la afirmación antes hecha de que la relación del hombre consigo mismo únicamente es para él objetiva y real a través de su relación con los otros hombres (…) Si él se relaciona con su actividad como con una actividad no libre, se está relacionando con ella como con la actividad al servicio de otro, bajo las órdenes, la compulsión y el yugo de otro.

Los sentimientos de fraternidad y de solidaridad son propios de la vida en convivencia. Pero lamentablemente, al desaparecer la visión comunitaria que impide sentir a los otros como hermanos, como parte de nosotros mismos, dominarán los sentimientos de competencia y rivalidad.  Hay que combatir el reduccionismo, o la pereza intelectual, que simplifica todo y que asume que el mundo puede ser comprendido en términos de las propiedades de sus partes constituyentes, obviando el todo, la realidad concreta y las múltiples y complejas relaciones sociohistóricas que permiten su real comprensión (Alves, 2013:243).

Por eso partimos del cuestionamiento de la cultura hegemónica del conocer que ha pretendido llevar a las ciencias sociales por un solo camino y visión del desarrollo de la humanidad, donde el conocimiento se reduce a una mercancía de gran poder para controlar y someter a la humanidad. Esta cultura coloca lo metodológico como lo fundamental para la garantía de la verdad científica, y lo económico por encima de lo político, lo cultural y lo social para comprender a la humanidad. Por tanto, todo procedimiento metodológico estará precedido por la teoría que lo conceptualiza y contextualiza dentro del marco social existente. De hecho el capitalismo como sistema hegemónico impone un modelo de desarrollo que lo considera como el destino único de la humanidad y cualquier cambio lo estima como una amenaza que debe eliminar o “destruir”. La globalización de la colonización del pensamiento y de la acción social ha utilizado el poder económico para la reproducción de un sistema que fomenta la exclusión, la discriminación, la explotación y la opresión de amplios sectores y que se impone haciendo uso del miedo, de la generación de caos social y del poder bélico que siembre el terror destruyendo pueblos, culturas y territorios. Al extremo de utilizar los avances de la tecno-ciencia en contra de la humanidad y destrucción de sus hábitats compartidos.

Impugnar de raíz esta cultura es un acto de rebelión contra la ciencia al servicio de intereses grupales que tiene como fin el incremento de las ganancias y la utilización de cualquier medio para lograrlo, aunque este vaya en contra de los propios seres humanos y de la naturaleza a la que pertenecemos. De igual manera, rechazamos la creencia de la neutralidad de la ciencia, en una cultura que ha convertido el conocimiento en mercancía y que desnaturaliza al sujeto investigador con la utilización de los resultados “porque no le pertenecen”. Así como a la manipulación interesada de la verdad para “acomodar” los resultados o justificar su desviación, cuando no ocultarlos a conveniencia del poder económico y bélico a nivel mundial. No compartimos la idea del método científico único capaz de adaptarse a cualquier realidad con un mínimo de ajustes a sus procedimientos previsibles, que niegan la esencia cambiante y cambiable de la realidad y la diversidad de sentidos de la vida y la historia. Nos sumamos a los que consideran la urgencia inaplazable de dar respuestas a un sistema profundamente injusto con grandes sectores de la población y con el futuro de la humanidad entera, con una ciencia que permita descubrir las claves del cambio y sus posibilidades históricas.

Consideramos que el compromiso teórico-practico va más allá de la denuncia y la declaración de indignación por los destrozos a la humanidad, los ecocidios, los genocidios y la destrucción de las culturas que se resisten a la homogenización de la economía de libre mercado y de consumo. Se puede conocer la realidad de múltiples formas y producir muchos relatos sobre lo que sucede y o por qué sucede, pero no todos permiten descifrar las claves del movimiento de la historia, con su poder de cambio y su posibilidad de incidir en ella, ya que suelen estar escondidas en las entrañas del pensamiento y del discurso. Apelar al método científico para llegar de forma rigurosa, a este conocimiento esencial supone recorrer el camino de una ciencia al servicio de la humanidad y la preservación del planeta. Como afirma Harvey (2003:318)[viii] si, como creemos la mayoría de nosotros tenemos la capacidad de modelar el mundo de acuerdo con nuestros sueños y deseos, ¿por qué colectivamente lo hemos convertido en tal caos? Por dónde empezar y qué se debe hacer son las cuestiones clave.

Madrid, 25 de noviembre de 2017

[1] Tomado de la Introducción del libro Dialéctica del saber emancipador. Descolonización del saber-pensar-hacer, en proceso de publicación. La primera parte como nueva edición de un libro publicado en 2010 y la segunda como texto nuevo.

[i] Holloway, John. Agrietar el capitalismo. El hacer contra el trabajo. El viejo topo. Ediciones Herramientas, Buenos Aires. 2011.

[ii] Montero, Maritza. Teoría y práctica de la psicología comunitaria. Buenos Aires: Paidós. 2003.

[iii] Este concepto estrecho se atribuye incorrectamente a Marx según afirman distintos autores como Nicolás Iñigo Carrera, en el “Concepto de la clase obrera” de 2003, el cual argumenta claramente el manejo errado de esta afirmación. Ver en Carrera, N. Iñigo. (2003) “El concepto de clase obrera” en Conicet/FCH-UNCPBA/Pims. Disponible en http://www.iisg.nl/labouragain/documents/inigocarrera.pdf

[iv] Marx, k. y Engels, F. Introducción general a la crítica de la economía política, 1857. México: Siglo Veintiuno editores. Vigésimo primera edición 1989.

[v] Aquí se incluye el trabajo esclavizado o semi-esclavizado, el financiamiento del patrón como forma de salario y otras modalidades existentes en la actualidad de algunos trabajadores(as) que se auto-explotan o reciben compensaciones para poder adquirir bienes de consumo para su sobrevivencia.

[vi] Alves, E. Planificación emancipadora. Subversión contra el capital en la Venezuela bolivariana. Buenos aires: Herramienta editores. 2013.

[vii] Karl Marx. Manuscritos económico filosóficos de 1844. Fuente del texto digital: Biblioteca Virtual “Espartaco”, enero de 2001.

https://pensaryhacer.files.wordpress.com/2008/06/manuscritos-filosoficos-y-economicos-1844karl-marx.pdf

[viii] Harvey, David. Espacios de esperanza. Madrid: Ediciones Akal. 2003

Anuncios