Elizabeth Alves Pérez

Los hombres no se hacen en el silencio, sino en la palabra, en el trabajo, en la acción, en la reflexión… No hay palabra verdadera que no sea unión inquebrantable entre acción y reflexión

Pablo Freire

LA COMPRENSIÓN DE LA PRODUCCIÓN DEL SABER EMANCIPADOR

Este texto resume los principales contenidos del libro Dialectica del saber emancipador. Ruptura de la reproducción del capital y valoración del ser [i] lo realizamos en el marco de la preparación de su segunda edición, que esperamos hacerla pública a principios del próximo año, el cual no solo será revisada sino complementada con el proceso de descolonización del saber-pensar-hacer como una manera de ir más allá de la comprensión y entrarnos en la praxis concreta del cambio social del raíz desde la fuerza del poder popular en acción.

Para comprender la producción del saber emancipador en su dialéctica histórico-social, como generador de rupturas con la reproducción de capital y valoración del ser, es necesario estructurar múltiples reflexiones teóricas-conceptuales y propuestas concretas que permitan develar los procesos de emancipación de los pueblos en la construcción del socialismo, a partir de una metodología de acción que le da sentido a la praxis social en la transformación de la realidad individual y colectiva. A través de procesos de investigación, reflexión y sistematización para la construcción de saberes emancipadores se propone la generación de una dinámica de actividades con los colectivos para el empoderamiento de los conocimientos técnicos, las habilidades y los valores de la clase trabajadora y demás sectores populares en lucha, así como los saberes sociales, políticos e ideológicos[ii] que constituyen la base que permitirá transformar la realidad de manera permanente y de acuerdo con las exigencias revolucionarias. En la búsqueda de esa esencia dinamizadora de la transformación social a partir del empoderamiento del conocimiento, iniciamos con una reflexión, de carácter político-conceptual, sobre la división del trabajo y la destrucción del saber colectivo; la cual permite, desde una visión crítica, comprender la naturaleza histórica y social que se deriva del capitalismo para destruir toda posibilidad de generar saberes colectivos. Saberes que permitirán a la clase trabajadora y al pueblo en general transformar la realidad para beneficio de toda la sociedad.

Esta reflexión se hace desde una perspectiva materialista de la historia sobre la división social del trabajo que caracteriza al capitalismo y lo distingue en esencia de otros sistemas. Sistema que permite un crecimiento de generación de plusvalía a partir de una organización social del trabajo, basada en la acumulación de capital y, a la vez, crear los mecanismos de dominación para perpetuarse en el tiempo de manera hegemónica. Así, observamos la propiedad privada de los medios de producción como arma de dominación esencialmente material y la alienación del trabajo como instrumento de sometimiento espiritual e intelectual del ser humano y, por tanto, la negación de su esencia social. Por eso consideramos que la clave de la emancipación está en romper la lógica de las relaciones sociales jerárquicas de producción, de la división internacional del trabajo y de la división entre trabajo manual e intelectual que impone el capitalismo. En otras palabras, identificar cómo el capitalismo expropia el conocimiento de la clase trabajadora para impedir su proceso natural de crear, planificar y organizar. Empoderarse del conocimiento emancipador permitirá liberarse de las cadenas de la opresión capitalista.

En nuestro caso, la prioridad en el tratamiento de la división del trabajo en la sociedad capitalista permite no sólo entender la esencia del sistema, sino la vinculación con los distintos poderes que permiten la hegemonía, entre ellos el poder del conocimiento, del saber y, por tanto, de la capacidad de dominación de los sectores oprimidos. En tal sentido, iniciar la reflexión política-conceptual de lo que ha significado la división del trabajo en la sociedad capitalista facilita la construcción de una propuesta alternativa para la construcción del socialismo, asociada a lo político-ideológico. Aquí calza la consideración y caracterización del Estado capitalista y su asociación con la tecnocracia al servicio de la economía, que terminan dominando al mismo Estado y reduciendo a éste a un órgano represor que no resuelve los problemas de los pueblos.

Seguidamente se aborda una visión dialéctica de la cultura y el saber, a partir de la reflexión de lo que ha sido la cultura dominante capitalista y las contradicciones que subyacen en ella y que hacen posible revertir su hegemonía. La cultura hegemónica del capitalismo utiliza el conocimiento para incrementar la enajenación. Esto se evidencia en el crecimiento inusitado del consumo y el desperdicio prematuro de los productos, los cuales contrastan con el crecimiento exponencial de las necesidades reales de sobrevivencia de millones de seres humanos en el planeta. A pesar de esta evidencia, el sistema dominante posee un engranaje para que se reproduzca sin mayores riesgos. El Estado controla los órganos de represión y demás poderes para que se transmita una cultura hegemónica que reproduce el sistema. Ante la imposibilidad de ocultar su irracionalidad, el capitalismo fabrica un mundo de terror para poder preservarse, que niega el conocimiento histórico contenido en las culturas dominadas como una manera de preservar su hegemonía. Se crea así, un ciclo perverso que refleja una organización jerárquica, antidemocrática y alienante que dificulta su abolición.

Resulta evidente que la desvalorización del ser, que hace el capitalismo, crece en la misma proporción que la revelación de su decadencia. Los sectores oprimidos en lucha cobran cada vez más fuerza en la medida en que toman conciencia de la trascendencia histórica sobre el control del trabajo productivo para la valoración del ser humano. Visto así, tienden a comprenderse y aceptarse con facilidad los planteamientos de la creación y la re-creación de una cultura socialista. Una construcción histórica que permite bajar de lo abstracto a lo concreto; del discurso complejo a la praxis social revolucionaria. Surge de esta forma el concepto de aprendizaje emancipador, que permite acercarse al cómo se puede construir una realidad diferente que apunte hacia el camino deseado. Esto supone el desarrollo de conceptos claros que definan y caractericen esta praxis social emancipadora, donde el sujeto social del cambio está definido y asume su papel histórico protagónico: la clase trabajadora en su conjunto, complejidad y diversidad, de acuerdo al desarrollo de la organización del trabajo capitalista de hoy.

Para iniciar este tema se realizan algunas proposiciones que señalan caminos para aprender a cambiar, utilizando métodos distintos a los que ha mantenido el estatus actual. En concreto se asume el poder de la reflexión como una manera de asumir una praxis revolucionaria contra la cultura dominante. Se trata de una relación dialéctica que permite develar y desarmar hechos de la experiencia cotidiana, cuya interpretación está asociada a su complejidad, más allá de lo que a primera vista parece. De esta forma, comenzamos a reconocer la necesidad del empoderamiento y la socialización de saberes colectivos, por parte de los pueblos en lucha por la transformación social.

La relación dialéctica sujeto/objeto en el acto de conocer permite la formación de la conciencia humana para la transformación del mundo. En esta búsqueda se valora la subjetividad del saber sobre la objetividad del conocer, en contraposición a la racionalidad técnica que desconoce la complejidad del mundo interior de los sujetos y las relaciones solidarias entre los mismos. En esta construcción política conceptual la categoría que se plantea con más fuerza es la del aprendizaje cooperativo y dialógico que, por su naturaleza, resulta emancipador para quienes asumen como válido el desarrollo de saberes colectivos. Esto permite trascender la racionalidad instrumental dominante en la actualidad, que sólo permite seguir instrucciones para resolver tareas sencillas que reproducen la realidad. El diálogo entre quienes quieren confrontar y complementar ideas permite asumir la divergencia con respeto y la diversidad como el resultado natural de la vivencia de experiencias en contextos sociohistóricos y culturales distintos. Así se comienza a transitar el camino para la construcción de un pensamiento complejo que facilita la comprensión de la realidad a transformar. Pensamiento colectivo que permite la creación de una posición alternativa desde la clase trabajadora y las comunidades organizadas en lucha, que impulse una ruptura con las posiciones dominantes que preservan el actual sistema.

La ruptura del ciclo de reproducción capitalista, se inicia con el trabajo emancipado, que revierte este ciclo perverso al colocar la producción al servicio de la satisfacción de las necesidades de la población en su conjunto. Los saberes emancipatorios tienen como protagonista a la clase trabajadora, la cual revierte, desde los propios centros de trabajo, el interés de lucro de la producción y coloca el saber al servicio del ser. Esta dinámica sociohistórica representada por una espiral, desencadena un proceso revolucionario. Aparecen así, las condiciones objetivas y subjetivas para satisfacer las necesidades radicales, que se rebelan contra la jerarquía y la subordinación impuesta por la clase dominante, así como la posibilidad de su generalización social. La visión presentada, como modelo conceptual-metodológico desde la perspectiva socialista, de la construcción del saber colectivo considera que sólo en la praxis revolucionaria, en la acción consciente de trasformar la realidad podremos cambiar, en tanto cambien las circunstancias que nos han hecho negar nuestra propia naturaleza humana.

Se inicia con el saber hacer que sintetiza la esencia de la naturaleza humana para romper con el saber reproducir que preserva el capitalismo. El trabajo humano emancipado desencadena el control de los procesos de producción, que crea el cambio de cultura, para confrontar al poder del dinero por un saber ser. Emerge así, la construcción de una nueva conciencia del pueblo (que implica empoderamiento de saberes) que le da sentido histórico y cultural al hacer (al trabajo colectivo) en la medida en que coloca al ser humano y sus relaciones sociales y con la naturaleza, por encima del mundo de las cosas. Esa conciencia emancipatoria expresada en una nueva cultura supone la socialización del conocimiento y la creación de nuevos saberes con posibilidad de trascender con una nueva visión del mundo. El saber trascender lleva consigo la construcción de los valores de justicia, igualdad, solidaridad y libertad, que sólo son posibles concebir y realizar a plenitud en el socialismo. Una dimensión que vincula el aprendizaje y el trabajo en el ámbito de la política revolucionaria socialista y, que por tanto, define la praxis revolucionaria específica.

Esta propuesta dialéctica de acción-reflexión-acción relaciona el trabajo cooperante emancipador, la investigación participante y la formación permanente de los trabajadores y trabajadoras en la construcción de saberes para transformar la realidad y erigir el socialismo. Estas tres dimensiones, que tienen como centro el trabajo cooperante emancipador, se presentan como categorías de análisis que rompen con la división del trabajo alienante del capitalismo. Por tanto, propicia la creatividad y la organización del trabajo para poder construir las nuevas relaciones sociales de producción. Desde los mismos centros de trabajo productivo (y social) y con la perspectiva de la clase trabajadora y demás colectivos de lucha por la construcción del socialismo, se propone la creación de espacios que permitan ejercer el control progresivo del proceso productivo y de gobierno. Esto demanda una cultura ligada a la lectura y la interpretación, a la discusión y la reflexión crítica, a la capacidad de predecir y configurar, necesarias para actuar con responsabilidad al deseo y la voluntad de saber para transformar la realidad en beneficio de la humanidad.

En esta fase decadente del capitalismo a nivel mundial, que se expresa con mayor fuerza en las primeras décadas del siglo XXI, se evidencia la necesidad irrenunciable de construir una política y una acción cada vez más soberana e independiente y esto sólo se logra construyendo colectivos de lucha solidarios que den al traste con los valores capitalistas. La conciencia de la dura realidad no puede quedarse sin interpretación crítica que permita dar luces para transformarla. El capitalismo ha golpeado duramente a la inteligencia humana, a la construcción colectiva, a la solidaridad. Nos ha dividido, nos ha enfrentado, nos ha aislado para destruir toda forma de emancipación de los pueblo. El ser humano es por esencia creador, inventor, racional, social y, por tanto, solidario y constructor de saberes colectivos para lograr el bienestar de todas y todos los que habitamos en este planeta. No podemos permitir que se silencie el dolor de los oprimidos, de los explotados, de los excluidos de siempre. Es irrenunciable valorar el sentido histórico que impide ocultar las experiencias de resistencia y de lucha de los pueblos por tener un presente y un futuro dignos de la naturaleza humana. Esto induce y obliga a exhortar a los revolucionarios y revolucionarias a asumir con premura y firmeza el compromiso de construcción del socialismo, para logar un mundo de igualdad, justicia, libertad y felicidad para el género humano.

 

Madrid, 27 de noviembre de 2017

[i] Tomado del libro de Elizabeth Alves Pérez, Dialectica del saber emancipador. Ruptura de la reproducción del capital y valoración del ser, por la editorial el Perro y la rana, Caracas Venezuela, 2010. Primera edición.

[ii] En todos los espacios colectivos de participación en la vida cotidiana y la convivencia.

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