La lucha no es solo el producto de la organización a partir de un grado determinado de fuerza. Antes bien, el proceso dialéctico vivo ve surgir la organización como producto de la lucha.

Rosa Luxemburgo

Potencia del poder popular constituyente y cambio raizal de la sociedad. I Parte [i]

La potencia del poder popular constituyente está en la fuerza de su pensamiento emancipador contra el poder constituido y el saber que deviene de él. Vincula pasado-presente y futuro, de su propia realidad vivencial y aspiraciones de cambio, con la necesidad, la posibilidad y la potencialidad de producir un cambio raizal con su propia fuerza y capacidad de expansión geo-histórica a otras realidades con el mismo propósito de cambio sistémico. Esto sienta las bases de una teoría crítica emancipadora desde la praxis transformadora, donde los propios sujetos protagonistas del cambio realizan análisis-síntesis colectivas para la conformación de un saber conciente político e histórico, para crear y recrear dicho cambio. Así se produce un saber coextensivo a la vida en sociedad, donde se va comprendiendo lo que se rechaza y por qué y se va configurando una nueva arquitectura de la praxis, con sentido del buen vivir y del sano convivir.

 El poder popular contra la cultura depredadora

El concepto de pueblo como articulación de lucha de las clases subalternas está asociado al poder, por lo que se enfrenta a dos precisiones relacionales y constitutivas. Una, que siempre es expresión de organización colectiva por la liberación para el logro de una vida digna en sana convivencia y en sus distintas manifestaciones de confrontación social, a favor del bien común; y otra, la necesidad de la conciencia que se crea y recrea en la propia acción y que, por lo tanto, se enfrenta a las contradicciones internas y externas propias de la diversidad de sentidos existentes en su seno y de las condiciones y circunstancias impredecibles que surgen en una acción en contracorriente, y de una correlación mundial desfavorable para impulsar un cambio sistémico. Una precisión que le otorga estabilidad orgánica relativa para la lucha, como horizonte de cambio que se va construyendo en un tiempo posible, y otra, que define un campo de acción cargado de indefinición, propia de la intensa dinámica provocada por una abierta lucha de clases –de intereses contrapuestos e irreconciliables– muy exigente en los cambios tácticos y estratégicos sobre el terreno. Este concepto político de pueblo tiene un carácter emancipador, de creación de soberanía que cobra fuerza con la conciencia colectiva expresada en la organización y autonomía de acción.

El proyecto emancipador requiere de la articulación de dos dinámicas: una de soberanía y otra de autonomía. El problema radica en que la primera (vinculada al Estado-nación, la representación, la dirección centralizada, la táctica, la transacción, la política institucional) no necesita en lo inmediato de la segunda (vinculada a la comuna, la expresión, la confrontación, la dirección colectiva, la estrategia), incluso la repele, sin saber que cava su propia fosa. Pero la segunda, en este contexto histórico, en el marco de las relaciones impuestas por el imperialismo, desde nuestra condición periférica, sí necesita de la primera a riesgo de caer en la esterilidad (Mazzeo)[2]

Esta relación de articulación entre estas dos dinámicas se encuentra frontalmente, en la práctica y en la teoría, durante los procesos de cambios acerados liderados por gobiernos populares en los que se plantea ir más allá de lo que permite el sistema capitalista. Justamente cuando la contradicción se hace más visible y en momentos de gran tensión se dificulta delinear estrategias de doble efecto ofensivo-defensivo; y es cuando se hace más difícil distinguir entre lo contingente y lo estratégico o lo que convierte lo contingente-coyuntural en estratégico e histórico. Así la respuesta a lo coyuntural no queda desprovista de lo estratégico, ni lo estratégico queda oculto en lo coyuntural, como parte de un programa de transición donde no esté clara, para los protagonistas del cambio, la nueva relación entre el poder popular y gobierno popular.

Todos los sujetos sociales, individuales y colectivos, necesitan observar y percibir la eficiencia en la solución de los problemas inmediatos y de los de mayor alcance, que permitan estabilidad en el tiempo de los logros obtenidos con gran sacrificio y esfuerzo, en la construcción del cambio. Y a la vez necesitar sentir el avance de la autonomía propia como único camino de creación de nuevas formas de organización del autogobierno, basado en la soberanía sobre los recursos, el territorio y del respecto a la diversidad histórico cultural. Desde esta dimensión del cambio raizal se forman grandes expectativas –algunas ilusorias– para generar relaciones de solidaridad, complementariedad y reciprocidad con otros gobiernos y pueblos organizados, que fortalezcan la integración regional e internacional, para enfrentar la arremetida colonial-neoliberal que actúa con unidad en la estrategia para impedir el avance. En las relaciones gobierno-comunidad o gobierno-movimientos sociales la palabra de la dirección no la puede tener solo el gobierno, como que si fuera el actor del proceso. Como dice Mazzeo [3].

Una teoría de la transición que dé cuenta de nuestro tiempo exige la combinación de estas dos dinámicas. Por esto creemos que un proyecto emancipador, para consolidarse, debe ejercer las formas de mando específicas de la dinámica de la autonomía y del poder popular en el marco de las dinámicas de soberanía. Es la única forma de evitar que estas últimas cedan a la tentación del atajo y terminen auspiciando formatos jerárquicos, elitistas y burocráticos.

Coincidimos con la idea que la autonomía necesita de la soberanía. La soberanía política, económica y social, para el manejo independiente de los recursos naturales por el bien común, recursos energéticos, financieros y, en general, para el impulso de un proyecto/país que corrija las desigualdades generadas por el capitalismo y comience a construir y cambio sostenible. Cambio que incluye la creación de nuevas formas orgánicas socio-productivas, política-culturales y socio-históricas que impulsen un desarrollo humano integral y permitan el ejercicio pleno de los derechos humanos con equidad, sin exclusión y sin discriminación de ninguna naturaleza. Así mismo, soberanía para ir cambiando las relaciones de poder en la configuración del capitalismo mundial marcado por la relación centro-periferia, que marca la desigualdad estructural entre los Estados/nación y que no puede ser respondida, de igual manera por el poder popular en los países centro y los de la periferia. Resulta dificultoso comparar dichas realidades y aplicar las mismas medidas para la superación del sistema, o mitigar sus efectos, aunque el sufrimiento de los sectores populares tenga el mismo origen, de supremacía de intereses de clase dominante, ocasionada por la lógica del capitalismo a nivel mundial.

La visión que otorga cohesión al sujeto colectivo que se plantea una utopía concreta de carácter emancipatorio lo coloca en el camino de la desalienación del pensamiento liberal-burgués; de tomar conciencia del poder de la dominación-subordinación del colonialismo-neoliberal de hoy, y comenzar –o continuar– a conformar un pensamiento crítico-liberador que le permita comprender la magnitud de la crisis sistémica; que coloca en evidencia sus propios límites y contradicciones internas para superarla, a partir de su propia fuerza organizada. Más allá de lo que se cree, para las clases subalternas, comprender las implicaciones de la crisis no requiere hacer un esfuerzo del análisis profundo, cuando ya ha sido capaz de percibir en su propia vivencia la obviedad de los efectos negativos en sus condiciones de vida.

Lo que realmente requiere esfuerzo es saber cómo y con qué, sobre todo porque la realidad se presenta caótica y sin aparente salida. La configuración de subjetividades de rechazo a la aplicación de las políticas ultra-neoliberales, en el marco de una arremetida colonial-imperial, enmarcada en la lucha hegemónica mundial por el control de los mercados; que se apoya en la idea inocultable de deterioro de la calidad de vida de la mayorías populares. Asimismo es cada vez más difícil manipular los mensajes y los relatos con la misma fuerza del pasado, por eso es que se ha incrementado el control económico sobre las empresas de la comunicación social para distorsionar y tratar de justificar lo injustificable e imponer su versión de la realidad. La construcción de un relato para renovar el espíritu de consentimiento, de sumisión y de subordinación al poder constituido a nivel mundial pierde legitimidad frente a las vivencias concretas a las que son sometidos los pueblos, cuyos gobernantes aplican estos nuevos “recetarios” para nuevos intentos de superar la crisis económica política y social que viven.

En países periféricos se presenta una nueva forma de violencia física y simbólica para frenar el avance de los movimientos populares y de gobiernos progresistas. En el caso de los sectores populares que manifiestan su indignación con las políticas de sus propios gobiernos, complacientes con los intereses foráneos, la violencia se incrementa para eliminar lideres políticos, campesinos, indígenas, sindicales, populares y de otras formas de organización popular por el derecho a la tierra, a la vivienda, al agua, a la salud, por la defensa de la diversidad cultural, de la naturaleza, contra la violencia de género y en general contra todas las formas de explotación, discriminación y opresión social. Dirigentes y líderes políticos, en ambos casos, de distinto nivel –comunal, local, subregional y nacional– se agreden para desaparecerlos del escenario político; bien sea por el asesinato o la destrucción criminal de su imagen –esto incluye a presidentes o candidatos a la presidencia– forjando pruebas para incriminarlo o judicializando la política, para sacarlos de circulación. Utilizando procedimientos que aplican con gran impunidad y descaro en la violación de todos los derechos humanos, del derecho a la defensa, a la vida y a la integridad física y emocional de los acusados y sus familiares; que violenta la institucionalidad democrática. Eso sin contar con las estrategias para generar violencia de calle, provocar golpes de estados o magnicidios. Situaciones que nos hace coincidir con la idea de que,

Vivimos en una cultura depredadora. La cultura depredadora es un campo de invisibilidad –de depredadores y de víctimas– precisamente porque es muy obvia. Su obviedad inmuniza a las víctimas contra una completa revelación de sus amenazadoras capacidades. En una cultura depredadora, la identidad se forja principalmente, y a veces violentamente, en torno a los excesos del marketing y del consumo, y en las relaciones sociales propias del capitalismo postindustrial (McLaren)[4].

Esta práctica aberrante que atenta abiertamente contra los derechos humanos y la institucionalidad democrática del Estado de derecho y justicia social se incrementa de forma acelerada en países que el imperio norteamericano tiene bajo su “tutela forzada o complaciente”, por eso no se denuncia y, por el contrario, se protege para mantener la fragilidad de dichos gobiernos y sistemas de administración de políticas públicas, para controlarlos más fácilmente e incrementar su dependencia económica y política. Basta estudiar los casos dramáticos de Colombia[5] y México que en las últimas décadas reportan cifras alarmantes de agresiones y asesinatos a líderes político-sociales, en escenarios totalmente distintos. Razones que no se diferencia en nada de las demás formas de violencia generada y propicada por el colonialismo-neoliberal para hacerse de las tierras y los recursos de todos los paises periferícos, por grandes coporaciones y transnacionales. En el caso de México, las evidencias son también dramáticas en cuanto a la vida democrática de ese país, y de sus posibilidades de recuperar la “normalidad democrática” en los próximos años [6].

Es un contrasentido histórico-social el imponer políticas que ya han sido probadas como experimentos fracasados de neo-desarrollismo y pretender construir credibilidad cuando sus efectos han sido el deterioro acelerado de las condiciones de vida y el incremento inmediato de la violencia simbólica y física del Estado contra el pueblo, para imponer mayor explotación, mayor discriminación y exclusión social. Esto solo tiene cabida. en la mente de gobernantes antidemocráticos y que defienden sus intereses de clase y condición social de supremacía colonialista e imperialista, donde hallamos ya no solo agentes del poder de las corporaciones económicas, mediando con los gobiernos, sino empresarios que son parte fundamental de gobiernos en varios países. Es el uso más descarado del poder político del Estado con fines privados.

Esta cultura depredadora se basa en el dominio del conocimiento como arma de destrucción masiva para eliminan pueblos, culturas y frenar todo tipo de reacción en contra del avance del “sagrado libre mercado y de empresa” y la sociedad de consumo que la sustenta. La idea es que otros piensen por nosotros y nosotras y nos impongan relatos y soluciones que parezcan creíbles. Conocimiento que se construye en centros de investigación, que sin ser vinculantes le sirven de base para formular políticas y para ofrecer información relevante a los medios de comunicación, para favorecer una determinada matriz de opinión acorde con la lógica del capital. Es así como,

(…) en las últimas décadas, las relaciones entre Estados Unidos y América Latina se caracterizaron por numerosas tensiones en el marco del auge de Gobiernos progresistas. Las críticas a tales experiencias fueron sistemáticas. La mancuerna sector privado-Gobierno de EE.UU. aglutinó a un importante número de académicos y voces expertas agrupadas por Think Tanks con importante repercusión en la prensa. Ésta contribuyó a construir, difundir y consolidar una perspectiva negativa sobre dichos procesos, calificados como“corruptos, ineficientes, autoritarios, antidemocráticos”, etc. (Romano, Lajtman y García)[7]

Los Think Tanks, suelen ser definidos como “organizaciones independientes, sin fines de lucro, no vinculadas a partidos políticos, que se dedican a estudiar aspectos de política interna e internacional”. Sin embargo, en la práctica, sus acciones y alcances trascienden tal definición (Romano, Lajtman y García) [8]. Su importancia política en la dominación colonial-neoliberal explica por sí sola la proliferación de los Think Tanks en los países centro, para conocer las realidades de cada país periférico y sector social que se debe dominar y el modo de cómo hacerlo para garantizar el máximo beneficio. Por eso, tal como señalan estos autores, tienen al menos dos funciones1 en el proceso de reproducción de un “sentido común” que apuntala (de modo directo o indirecto) al neoliberalismo como única alternativa posible. 1) La de asesoramiento del Gobierno (en unas relaciones de mutua influencia) donde intervienen fuertemente los intereses del sector privado vía financiamiento y, 2) la de proveedores de información experta para prensa hegemónica. Ambas funciones son clave en la manufacturación de consenso a favor o en contra de determinados procesos.

Por eso consideramos que en cualquiera de los casos estiman que la injerencia del país centro (EEUU) se justifica por el bien de los intereses del capitalismo mundial y en especial del país u organismo corporativo empresarial que los financia y le marca la agenda de investigación y del debate público que debe hacerse, a través de los mecanismos de difusión que filtran los resultados de acuerdo a sus intereses. Todos se ubican dentro del pensamiento del desarrollo y el progreso occidental capitalista que les permite mantener la hegemonía mundial. Toda opción diferente se considera una amenaza; por eso, inmediatamente, debe ser respondida inteligentemente y de manera multidisciplinar, que permita que la agenda de debate y la construcción de los relatos sobre el desarrollo posible se enmarque dentro de los límites permitidos por el sistema[9], que siempre ofrece una salida “generosa” e imposible de rechazar, porque no tienen “otra opción viable” para superar sus crisis o problemas.

Esto hace que existan grandes diferencias, entre los que quieren seguir líneas duras y los que creen necesario suavizar los efectos negativos del neoliberalismo. Ambas posiciones pretenden garantizar las mejores tasas de ganancia posibles, manteniendo niveles “aceptables” de conformidad social. La coincidencia de intereses y calidad científica de los informes permite darle un uso muy beneficioso para nutrir los medios de comunicación controlados por el sistema, así como para generar políticas en contra de los países y sectores sociales que manifiesten diferencias con estas políticas de expresiones de poder. Las controversia internas, por tanto, estarán en la forma de “ideologizar” a las clases subalternas que se puedan oponer para mantener la dominación-subordinación en el proceso de “solución de problemas” garantizando los intereses del sector financiero o productivo que representen. En términos generales producen informes muy completos y de alta calidad, por lo que no pueden subestimarse, sino por el contario tomarse en cuenta para conocer lo que piensan de los países periféricos y de cómo quieren que piensen las ciudadanas y ciudadanos de su intervención, de ambos lados de la “cooperación” o de la acción política.

La vieja tecno-burocracia de los estados periféricos quedó desplazada en la mundialización de la mercantilización del conocimiento y globalización de la homogenización del pensamiento, en la que se apoya la sociedad del consumo. Los Think Tanks al servicio de los países centro y las grandes corporaciones del mundo, y en especial la de los Estados Unidos, son hoy los tecno-científicos que contribuyen a orientar el mundo hacia la hegemonía capitalista. Son las verdaderas mentes perspicaces organizadas que contribuyen a que el conocimiento sea un arma de destrucción de toda posibilidad de cambio social. Y como en toda guerra de intereses hay una agenda oculta y otra abierta, pero con la abierta es más que suficiente para comprender el rol que el país del Norte siente que debe ejercer en condición de superioridad para imponer su supremacía mundial y en especial hacia los países de América Latina, a los cuales no le perdona ni siguiera un gesto de insubordinación o reclamo legítimo de soberanía.

¿Multilateralismo sin soberanía nacional?

Desde la racionalidad capitalista de la libre competencia y de mercado ¿quién ayuda a un país destruido? ¿Quiénes financian al que no tiene con qué pagarle? ¿Quién ofrece ayuda humanitaria desinteresada para evitar la violencia desatada o la pobreza crítica desasistida? Para responder a estas interrogantes quizá habría que hacer historia de quiénes son los verdaderos provocadores o generadores de estas realidades sociales, y si detrás de estas situaciones de aparente o real desastre humano-social “sin solución” existe la intención de controlar políticamente a estos países, para beneficiarse de su reconstrucción, sin que con ello signifique hacerle competencia a su supremacía. Además están totalmente seguros de cómo recuperar el financiamiento y que el mismo sea visto por la población afectada como una cooperación al desarrollo, para lo cual no tienen otra alternativa que financiarse en un plazo superior al que puedan lograr un crecimiento económico para pagar la deuda. Un tiempo de “gracia para pagar la primera cuota” o disminuyendo los intereses y ampliando el plazo de amortización de capital. El mismo argumento y los mismos resultados en contra de las condiciones de vida del pueblo. La experiencia histórica, al menos en América Latina, es que hasta ahora nunca le ha dado tiempo a un país para recuperar su economía para pagar la deuda si sigue las recomendaciones dadas por los financistas. Luego queda absolutamente claro que para el financista es una inversión de alta rentabilidad y que no existe ningún riesgo de recuperación del capital investido y los intereses generados. Lo más importante es generar la idea, propia de toda supremacía de dominación, que el país a pesar de tener tantos recursos es “incapaz” de administrar con eficiencia para el beneficio propio, sin contar con la tutela que se le ofrece. De allí la necesidad del país o institución “cooperante” de garantizar sus fines lucro, si no dejarían de ser capitalistas.

El asumir que los otros piensen por nosotras y nosotros y además terminemos aceptándolo como válido aunque vaya en contra de nuestros intereses y nuestra cultura es lo que aliena el sentido común, convertido en verdad social y que además posee mecanismos que subestimamos donde se renuevan las estrategias para responder a una visible toma de conciencia o a toda acción de insubordinación, por pequeña que sea. De allí la urgencia de construir pensamiento crítico emancipador y lograr una visión integral para llegar a las claves del movimiento de la realidad y sus posibilidades de cambio real. Esto obliga a los sujetos-políticos protagonistas del mismo, a que sus estudios de las realidades sociales concretas en transformación se realicen a partir de las cinco premisas teórica-prácticas, que hemos definido para avanzar en una comprensión que desentrañe la realidad en su complejidad y contradicción inherente, entre continuidad y transformación, entre reproducción y ruptura:

  • una reconstrucción de la realidad en la que se pueda dar preminencia de lo histórico-geográfico para no perder detalles relevantes de las relaciones espacio-temporales entre los sujetos sociales;
  • que permita hacernos de una concepción de la realidad en movimiento, discontinuo y desigual, con tendencias históricas para descubrir en ellas las claves que cambiarían, de modo significativo, su curso evolutivo dominante, generando saltos cualitativos de relevancia social;
  • asumiendo el reto de penetrar en la posibilidad de comprenderla en su complejidad dialéctica, de la unidad interno-externo, en un todo orgánico y dinámico, que nos impida fraccionarla y seguir siendo clasificados como seres humanos, que es contrario a la equidad e igualdad social por las que se lucha;
  • de poder definir con precisión la relevancia en lo subjetivo-cualitativo en la apreciación de objetivación de la realidad concreta, para no perder detalles sustantivos y banalizar la interioridad de los sujetos en su visión del mundo y de cómo transformarla La relevancia de lo subjetivo-cualitativo en la apreciación de objetivación de la realidad para comprender el hecho que se impugna; y
  • de poder precisar desde la perspectiva de los que construyen el cambio la construcción de la verdad social e histórica, el modo particular de validación de los resultados que emerge de la necesidad-compromiso de los sujetos-político en la acción transformadora, con visión de futuro.

De esta manera, se orienta el análisis-crítico sin perder la visión histórica-dialéctica y de la teoría crítica emancipadora. De modo, que frente a la posibilidad del crear propuestas y condiciones subjetivas y objetivas para el cambio, estas premisas enmarcan la comprensión de las conformaciones de nuevas subjetividades emancipatorias contra las enajenadas; con nuevas simbologías e imaginarios socio-políticos que se manifiestan y expresan en la acción y en el debate entre sectores que defiende el cambio, con diferencias sustanciales, muchas de carácter contrapuesto.

Lo lamentable en este diálogo indispensable para construir el cambio social, con respeto a la diversidad de sentidos de la historia, es encontrarse frente a un dogmatismo que termine venciendo y acabe con la posibilidad del construir democráticamente una propuesta de acción entre los que se sienten que comparten un mismo propósito de lucha histórica, a pesar de sus diferencias, algunas tácticas y otras estratégicas, cuando no son de carácter teórico. Las posibilidades de acuerdo disminuyen cuando prevalece el pragmatismo y la desesperación, que no diferencia entre lo urgente y lo fundamental, entre el enemigo real, aunque esté encubierto, y los que pueden ser sus aliados circunstanciales o estratégicos. Por eso es que entre las estrategias más conocidas de los países imperiales, en aquellos territorios que le son hostiles a sus intereses coloniales, está la de dividir a la sociedad, provocar enfrentamientos y conflictos entre la población y que se transformen en odios que hagan imposible la convivencia y estabilidad política.

Neocolonialismo o arremetida colonial continuada

Al estudiar las experiencias de lucha anticapitalistas, no podemos quedarnos solo en las críticas sobre los logros y las desviaciones, desde una valoración del proyecto ideal predeterminado, como que si fuese un compromiso histórico homogéneo con toda la humanidad sin diferencias claras de carácter histórico/espacial, y que se marcan en los límites del capitalismo para cada momento y situación particular. Así todo intento no logrado quedará condenado, porque siempre será valorado desde la descalificación previa de una crítica severa, a veces poco comprensiva. Por el contrario, creemos que hay que valorar el movimiento real que explica por sí mismo su alcance y desviación, desde su proyecto histórico-cultural particular. Asumido como opción histórica y construida con las fuerzas objetivas y subjetivas de los sujetos políticos, dentro de las condiciones y circunstancias en la que ha vivido o están viviendo.

Aquí se marca una línea entre los que mantienen sus principios y fijan una posición independiente y los que en esa desesperación y sectarismo terminan abandonado dichos principios o cambiándolos por completo. Y eso lo sabe el poder capitalista-colonial, y lo viene trabajado y perfeccionado hace siglos –aunque solo se conozca medianamente desde la Guerra Fría en adelante, después de la Segunda Guerra Mundial[10]– por eso utiliza el propio lenguaje crítico y emancipador profundamente humano –sólo como consignas– porque sabe que cala en el pueblo luchador. Nos referimos al discurso sobre la igualdad, la democracia, la soberanía popular, la no discriminación, la solidaridad y la honestidad. Por eso logra dividir las fuerzas del cambio que, según los principistas, deben están curadas de cualquier tentación “diabólica”, sobre todo los dirigentes, aunque los acusadores se declaren ateos.

Desde hace 40 años, tal vez el punto más importante sobre el cual vuelvo una y otra vez y trato de profundizar, es el de la polarización producida por la expansión capitalista a escala mundial. (…). El debate es saber por qué tiene lugar esta polarización. Y yo compruebo que la tendencia dominante o las tendencias dominantes siempre han sido tratar de explicar esta polarización mediante especificidades particulares de las diferentes sociedades en los diferentes momentos de la historia moderna. La especificidad y las condiciones concretas diferentes son realidades indiscutibles, pero, (…) la polarización es inherente a la expansión capitalista mundial. No es, por consiguiente, producto de especificidades sino todo lo contrario, es el producto más general de la realidad capitalista (Amín)[11].

Detrás de cada situación social que se analice desde la preservación del sistema capitalista se esconde una visión política e ideológica que aprueba y admite la discriminación y exclusión social que afecte la rentabilidad del capital, sea este productivo, financiero o de las empresas de la guerra y de “la seguridad social” que se han convertido en un gran negocio lícito, poco a casi nada condenable por la élites de poder, porque se benefician directa o indirectamente de ellas. La forma más común de beneficiarse es generando caos político en territorios, donde conviene extraer recursos con ventajas reales a las grandes corporaciones económicas. Es necesario recordar que el colonialismo de hoy se ejerce de forma distinta desde que Naciones Unidas lo cuestionó o más bien reguló la injerencia política directa para institucionalizar una independencia política a lo interno y abrir nuevas relaciones de dependencia económica y política desde afuera a nivel mundial. Sin embargo, en este cambio de legalidad estaban los países colonizadores que habían perdido sus colonias por las heroicas luchas de los pueblos, especialmente Reino Unido, Francia, Holanda y Portugal[12]. Aunque con diferencias de forma la mentalidad colonialista-liberal permanece como ideología capitalista y se sigue imponiendo como las ideas de la clase dominante. Clase que ha aprendido la lesión y modificado sus estrategias de dominación-subordinación colonial, de acuerdo al cambio de hegemonía mundial y reacomodo del mercado capitalista. En el siglo XXI, frente a otro cambio hegemónico mundial, se ha visto el descaro de uso de la guerra e intervenciones a la soberanía nacional, que en algunas naciones han sido violatorias de este acuerdo de la ONU y de otros principios del derecho internacional.

Consideramos que el movimiento real para anular y superar al capitalismo, tal como definió Marx al comunismo –como propuesta de transformación social alternativa– evidencia que siempre se estará definiendo y redefiniendo en la acción, porque insurge como respuesta a la crisis que viven los seres humanos concretos, desde sus realidades concretas, propiciadas por la violencia que impone la lógica discriminante y excluyente del capitalismo, de gran diversidad y asimetría. Un movimiento real que va construyendo conciencia en la lucha y que no encuentra salidas, dentro de los límites del capitalismo, por lo que se ve obligado a resituar y reconfigurar permanentemente su pensamiento y su acción. Esta posición no es una manera de evadir el debate sobre la crítica necesaria a los procesos históricos de cambio social, que se revirtieron hacia el capitalismo, sino que lo resitúa en el terreno de la praxis; que es donde podemos obtener mejores beneficios para contextualizar sus experiencias a las actuales luchas anticapitalistas; que obviamente se encuentran en escenarios totalmente distintos a los anteriores ya vividos. Esa es la prioridad de un estudio de un cambio social significativo. Así valoramos la memoria histórica de lucha continuada y simultáneamente las perspectivas futuras desde una visión del presente histórico concreto. ¿Qué se rescata y a qué se da continuidad práctica? Y ¿Qué y cómo se rompe para no retroceder a situaciones indeseable del pasado? Son preguntas que tienen también muchas respuestas.

Sin embargo, la necesaria vuelta a la memoria histórica de lucha de los movimientos anticapitalistas en el mundo, no solo se pueden ver desde sus sombras, que es lo que se expone, ante la derrota del sueño de cambio, desvanecida en el tiempo como esperanza posible e irrenunciable para muchos. También hay que verlo desde sus enseñanzas, desde sus combates, sus profundas y significativas contradicciones expresadas en fuertes debates, entre los propios revolucionarios del momento; que debieron optar por un camino, que solo se puede ver como equivocado, a la luz de los resultados históricos. No era tan fácil en el momento. Pero solo, se convierten en enseñanzas, si somos capaces de comprender desde una perspectiva crítica histórica y dialéctica, no determinista, las contradicciones históricas entre la comprensión de la realidad concreta y las opciones a elegir –en la que termina imponiéndose el poder instituido del momento que tiende a desplazar al constituyente­– y que están asociadas a las circunstancias históricas, objetivas y subjetivas, que hacen de él, un proceso histórico particular, no generalizable, aunque sí ejemplarizante.

La confrontación hegemónica a nivel mundial en la actualidad, en medio de una crisis sistémica severa, ha llevado a los centros de poder económico mundial a experimentar e implantar nuevas estrategias con mayor violencia física y simbólica para disputarse los mercados –de recursos, mercancías y financieros– y preservar sus espacios de control político-económico que les garantiza su ubicación hegemónica mundial. En estas nuevas estrategias de la ortodoxia liberal burguesa se acentúa una nueva arremetida colonial-neoliberal con variantes significativas sobre el concepto de supremacía económica-bélica y de capacidad de injerencia para el control político de las naciones, en especial las que se consideran “territorios conquistados” o poseídos que no pueden entrar en esa disputa, donde han surgido nuevos actores con gran fuerza económica que han invadido el mercado a nivel mundial incluyendo a los países que le han garantizado su estatus de poder mundial a lo largo de su historia. Como es el caso de EEUU en el control hemisférico del continente americano que de acuerdo a su doctrina no permite perder fuerza en lo que considera su patio trasero.

El significativo gasto militar, de inteligencia y diplomático que representa América Latina en el presupuesto de EEUU solo tiene sentido al garantizarle la defensa de sus intereses a nivel exterior donde realiza la mayor inversión de capital y mantienen mayores expectativas de poder hegemónico, reduciendo al mínimo la competencia. El control hemisférico es prioritario en el desarrollo hegemónico a nivel mundial, como suministro de materias primas y recursos naturales y como mercando regional con amplias ventajas comerciales y financieras. Además de la rentabilidad que representan para otros negocios, algunos lícitos y otros ilícitos, como el contrabando, el lavado de capitales y el tráfico e drogas.

Ante estas evidencias no es posible pensar en una alternativa de superación regional o nacional dentro de los márgenes de este sistema y de las actuales relaciones que impone el poder imperial para amarrar a las naciones y pueblos al logro de sus intereses particulares. Y si bien esto parece obvio y hasta axiomático para los que tienen la evidencia social, con cifras y análisis que lo confirman, para las mayorías sociales víctimas de tales agravios –las clases subalternas que aspiran mejorar sus condiciones concretas de vida– este discurso se queda en lo abstracto en lo meramente descriptivo, no permite comprender las realidades concretas, en su diversidad y complejidad, en la manera de valorar el desarrollo y el crecimiento económico. La perspectiva de análisis de los sectores que tienen intereses contrapuestos a estos centros de control mundial de supremacía política-económica y sociales comienza a evidenciar sus diferencias de visión del mundo cuando podemos construir otro discurso que posibilita el cambio, para crear metas y caminos posibles y viables que implica la ruptura progresiva con el orden instituido. En correspondencia con la correlación de fuerzas existentes y la claridad de un horizonte de cambios de carácter orgánico que orientan dicha lucha social.

Es cierto que las fallas que se plantean, con una evidencia de incoherencia o contradicción con los intereses propios del proyecto social que se defiende, pueden ser denunciadas como una “verdad” por ambos bandos, y también hay que comprender las intenciones que subyacen en ellas y que develan las fallas del contrario son una ventaja en el combate, por tanto su uso tiene fines políticos antagónicos. De allí que la debilidad de unos no puede ser entregada al contrario para que la use en su contra, es como un búmeran ideológico. Y los que ingenuamente dicen que la verdad debe ir por delante en la política, deben saber en el escenario en que lo hacen, porque en las confrontaciones sociales de alta polarización abundan el juego sucio, las zancadillas y el deseo de destruir al adversario. No se puede permitir que los juicios éticos, que solo tiene valor y cabida, entre “los iguales” lo haga el contrario y se encuentre fortalecido por el propio. Es difícil comprender la coincidencia con el adversario en un momento de confrontación de intereses contrapuestos, ante una evidente asimetría del poder. No en la descripción de los hechos sino en su naturaleza originaria y en la proporcionalidad de responsabilidades históricas de los mismos. Parecería necesario reflexionar sobre los escenarios políticos ante la evidencia de propósitos diferentes, de acuerdo a la fuerza económica que se tenga para dominar tales escenarios donde se haga. En la ardua lucha de clases las armas para enfrentar al enemigo estratégico no pueden ser iguales en una guerra, convencional o de baja intensidad, que en un momento de relativa paz social, aunque esta sea temporal y socialmente muy débil. Se trata de lograr proporcionalidad y discreción en la crítica entre sectores con el mismo propósito de cambio social, de lo contrario estaremos autodestruyendo la esperanza y la voluntad de lucha incluidos lo que no tienen responsabilidad directa en los errores y desviaciones.

La inocultable estrategia de violación del derecho internacional por parte de EEUU y sus aliados, de forma abierta y descarada, está amenazando la convivencia internacional que evidencia su propia decadencia. Se abandonó, prácticamente, la diplomacia de resolución y prevención de conflictos y las acciones de diálogo por la vía democrática entre naciones y al interior de ellas; y se está incrementando la injerencia imperialista para la reafirmación de un dominio unilateral, como única alternativa de mantener la supremacía. Violando los principios de la multilateralidad en los organismos internacionales y haciendo valer su fuerza económica y bélica para imponer tratados de libre comercio bilaterales, que garanticen la supremacía de los que ostentan el poder económico-político mundial, en condiciones de total abuso de poder, violación del derecho público internacional, por parte de estas naciones que se sienten superiores a otras. La amenaza que se cierne sobre las naciones dependientes económicamente de las potencias imperiales cada vez es más fuerte y evidente. Tanto en la ONU como en los órganos regionales como la OEA, que está dando un espectáculo denigrante de violación del derecho internacional y del abuso de Estados Unidos y su incondicional aliada Canadá (para estos temas del control hemisférico) para imponer su voluntad amenazando a las naciones del Continente que aún sus gobiernos pretenden respetar el derecho internacional y la propia acta constitutiva de dicha organización “multilateral” que solo le está quedando en el nombre. Paradójicamente mientras más fieles y sumisos son los gobiernos al imperialismo de EEUU peor le va en su economía y en las posibilidades de superación de la pobreza e inseguridad social.

Nota del autor: este artículo tiene una segunda parte que se publicará próximamente.

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[i] Tomado del capitulo 10 del libro La potencia del saber emancipador. Arquitectura de la praxis del sentido del buen vivir. De Elizabeth Alves Pérez (2018) en proceso de edición para su publicación.

[2] Mazzeo, Miguel. “Las aporías del progresismo”. Revista Herramienta Nº 58. Buenos Aires, Argentina. Disponible en http://www.herramienta.com.ar/revista-herramienta-n-58/las-aporias-del-progresismo. (2016: 55)

[3] Mazzeo, Miguel. “Las aporías del progresismo”. Revista Herramienta Nº 58. Buenos Aires, Argentina. Disponible en http://www.herramienta.com.ar/revista-herramienta-n-58/las-aporias-del-progresismo. (2016: 55)

[4] McLaren, Peter. Pedagogía crítica y cultura depredadora. Prefacio de Paulo Freire. Barcelona Paidós Ibérica. 1997:18

[5] Después de aprobado el acuedo de paz en Colombia en 2016, las cifras oficiales indican una diminución general de la violencia y el número de desplazados antes y después del mismo, en esta fase inicial, así que las razones por las que se haya aumentado el asesinato de líderes sociales, indígenas, afrocolombianos y reclamantes de tierras, aun no están claras, según el editorial del periódico Colombiano pero de acuerdo a lo que reportan sí se sabe a quienes asesinan y cuáles son las posibles causas, que explican la falta de reconocimeinto del gobierno. En esta editorial se afirma, que el último consolidado de la Defensoría del Pueblo (a marzo de 2017, el que sigue está en construcción), registró que del 1 de enero de 2016 al 5 de marzo de 2017, se registraron 156 homicidios contra los activistas. De estos, 108 desarrollaban acciones de organización comunitaria y de derechos el área rural; 39 víctimas eran líderes de pueblos y comunidades indígenas y nueve aún falta por identificar las causas. Así mismo, explica la Defensoría, las amenazas e intimidaciones, sumadas a los asesinatos están relacionados con la defensa de territorios étnicos, oponerse a la expansión de la minería y la agroindustria, denunciar el problema de la tierra o reclamar sobre esta, y la estigmatización. Articulo editorial ¿Por qué están asesinando a los líderes sociales en Colombia? Publicado el periódico digital Colombiano el día 14 de diciembre de 2017. Disponible en http://www.elcolombiano.com/colombia/por-que-estan-asesinando-a-los-lideres-sociales-en-colombia-CI7857532

[6] De hecho, según Gómez y Vollenweider (2018:1) Faltando escasos días para que se celebren las elecciones federales (Presidencia, Senado y Cámara Baja) y locales en México (Gubernaturas, Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, Congresos locales, Ayuntamientos, Juntas Municipales y Alcaldías), se puede hablar de todo menos de normalidad democrática. En una campaña que cuenta ya con más de 400 agresiones y 116 asesinatos de políticos y candidatos, vemos cómo la crisis se cierne sobre un país incapaz de salir de la espiral de violencia de la era Peña Nieto

[7] Romano, Silvina M., Tamara Lajtman y Aníbal García. ¿Por qué y cómo se piensa desde EEUU a América Latina? Función, dinámica e intereses de los think tanks estadounidenses que estudian América Latina. Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG). Disponible en http://www.celag.org/wp-content/uploads/2018/06/THINK-TANK-CELAG.pdf (2018:1)

[8] Romano, Silvina M., Tamara Lajtman y Aníbal García. ¿Por qué y cómo se piensa desde EEUU a América Latina? Función, dinámica e intereses de los think tanks estadounidenses que estudian América Latina. Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG). Disponible en http://www.celag.org/wp-content/uploads/2018/06/THINK-TANK-CELAG.pdf  (2018:1)

[9] Incluso forjando la institucionalidad legal del propio Estado, para acoplarla a la que se impone desde afuera.

[10] Quien conozca un poco de historia sabrá que el dominio-subordinación propia de la colonización antecede al capitalismo pero se perfeccionó en estos 500 años de tal modo que muchos creen que se reduce a la fuerza de una nación sobre otra para someterla políticamente. Lamentablemente es mucho más compleja y para los que trabajan por el cambio están obligados a comprenderla en este mundo de mercado internacionalizado, producción transnacionalizada y de tendencia a la homogenización de la cultura de consumo que niega la diversidad cultural y las cosmovisiones que relacionar armónicamente a las comunidades con sus territorios.

[11] Amín, Samir. “Perspectivas del pensamiento marxista. Entrevista a Samir Amín” Anexo (173-198) en Rauber, Isabel Construir el poder desde abajo. Claves para una nueva estrategia. Edición: Damarys Rodríguez. Libros Rebelión. (2000:177)

[12] Las condiciones y el momento histórico en que las colonias portuguesas lograron su independencia, después de la revolución de los Claveles, marca sensiblemente la relación posterior con ellas, así como la relación con los nacionales e hijos de éstos que regresaron a Portugal.

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