Massimo Modonesi.

1° semestre 2018.

Ciertamente, el marxismo se realiza en el estudio concreto de la historia pasada y en la actividad actual de creación de nueva historia. Pero siempre puede hacerse la teoría de la historia pasada y de la política actual dado que, si los hechos son indivisibles y siempre variables en el flujo del movimiento histórico, los conceptos pueden ser teorizados.

Antonio Gramsci

Desde la década de 1980, como reflejo de la derrota de los movimientos anticapitalistas y el triunfo del neoliberalismo, los conceptos clase y lucha de clase –los más originales, críticos y radicales del marxismo– se han vuelto particularmente incómodos y dieron lugar a que los posmarxistas los desecharan, los más ortodoxos los reiteraran mecánicamente, otros marxistas los rodearan o evitaran y sólo pocos emprendieran la difícil tarea de actualizarlos.

Al margen de su resolución conceptual, en las sociedades capitalistas contemporáneas la problemática de las clases sigue aflorando e imponiéndose en el terreno concreto de la producción y la circulación de mercancías e ideologías, del ordenamiento y la jerarquía sociales que les corresponden, así como atraviesa las dinámicas de los agrupamientos subjetivos políticos y culturales que las habitan.

En la búsqueda de claves de lectura que hagan inteligibles estos procesos consideramos posible e imprescindible sostener y, al mismo tiempo, renovar un enfoque clasista que atienda el principio de totalidad; es decir, que articule el análisis de las dimensiones sociales, económicas, políticas y culturales. Para dar consistencia a esta búsqueda, contamos con un acervo de conocimiento histórico y una serie de planteamientos teóricos elaborados por distintos autores y corrientes del marxismo crítico.1

A partir de estas premisas, dedicaré las próximas páginas al concepto clases subalternas avanzado por Antonio Gramsci en los escritos en la cárcel, una noción debidamente estudiada y analizada pese a que ocupa un lugar fundamental en el andamiaje de su pensamiento y, a mi parecer, tiene gran relevancia y actualidad tanto sociológica como política. En aras de contribuir a su esclarecimiento, formularé dos bloques de consideraciones: en primer lugar, respecto al adjetivo calificativo subalterno y la que llamaré secuencia subalternidad-autonomía-hegemonía; y en segundo lugar, en relación con el sustantivo clase y la que denomino fórmula clases subalternas.

  1. La secuencia subalternidad-autonomía-hegemonía

El origen y la trayectoria del concepto de subalterno en la obra de Gramsci han sido reconstruidos y analizados por varios autores.2Podríamos sumar al recuento las aportaciones de la Escuela de Estudios Subalternos de India si no fuera porque, si bien ayudaron a difundir el concepto, generaron más confusión que esclarecimiento respecto a su consistencia y alcance.3  Tal pendiente del uso del concepto la he llamado subalternismo, pues culminaba en una aproximación esencialista de una subjetividad recluida en la subalternidad y en la exaltación del subalterno autónomo, activo, consciente y rebelde; es decir, un subalterno no subalterno (Modonesi, 2010: 39-51).

Para salir de este impasse teórico, ampliamente difundido en el mundo académico anglosajón, pero también, vía estudios culturales y poscolonialismo, en América Latina, es pertinente volver al texto de Gramsci a fin de reconocer y destacar que el lugar y el papel que allí ocupa el concepto en su pensamiento gira en torno a la secuencia subalternidad-autonomía-hegemonía. Me parece importante insistir en este punto y desarrollarlo hasta sus últimas consecuencias,4 pues tiene implicaciones teóricas trascendentales relativas no sólo al desciframiento de los postulados gramscianos sino a cualquier teorización marxista sobre los procesos de subjetivación política.

Porque, dicho de manera sencilla, Gramsci no es un teórico de la subalternidad sino de la salida de la subalternidad, de la construcción histórica de un sujeto social y político autónomo capaz de disputar la hegemonía. Su afán de comprender a los subalternos tiende a fomentar su “espíritu de escisión”, seguir y desarrollar el hilo rojo de su iniciativa autónoma, no darla por sentada o exaltarla.

En los escritos carcelarios, Gramsci causa la sensación de dar intencionalmente un paso hacia atrás para poder dar dos adelante: se plantea la necesidad de volver a la historia de las clases subalternas y disputar el terreno historiográfico para repensar los recorridos que llevan hacia la formación de independencia (autonomía) y la conciencia de clase5 como condición para emprender y sostener la lucha por la hegemonía (una temática que –como he sabido–, en cierta medida, hereda de Lenin y, en otra, desarrolla de forma original). En el plano lógico, la noción de clases subalternas es la condición sine qua non para pensar y desarrollar la de hegemonía y la autonomía conforman la mediación, el pasaje indispensable o –en términos dialécticos– la antítesis de la subalternidad y parte integrante de la síntesis hegemónica que permite superar la contradicción y que desanuda y reanuda diversamente el conflicto de clases.

Pero, al margen de las conjeturas teóricas, o metateóricas, incluso a escala genealógica, en la elaboración diacrónica y arborescente de los Cuadernos es un hecho que la formulación del lema subalterno antecede el pleno despliegue del de hegemonía.6 Al mismo tiempo, no puede negarse que también le sucede si nos remontamos a otros escritos y a los orígenes leninistas de la cuestión de la hegemonía de la clase obrera respecto al campesinado.7 Está, para decirlo gráficamente, aguas arriba y aguas abajo (en italiano, a monte e a valle).

Para Gramsci, sólo a partir de la conquista paulatina de su autonomía, la trayectoria política de los subalternos puede atravesar la sociedad civil, disputar la hegemonía y, eventualmente, alcanzar hacerse Estado para quebrar definitivamente la relación y estructura de dominación existentes.

2. Criterios metodológicos. La historia de los grupos subalternos es necesariamente disgregada y episódica. Es indudable que, en la actividad histórica de estos grupos, hay una tendencia a la unificación si bien según planos provisionales, pero esta tendencia es continuamente rota por la iniciativa de los grupos dominantes y, por tanto, sólo puede ser demostrada a ciclo histórico cumplido si éste concluye con un triunfo. Los grupos subalternos siempre sufren la iniciativa de los dominantes, aun cuando se rebelan e sublevan: sólo la victoria «permanente» rompe, y no inmediatamente, la subordinación. En realidad, aun cuando aparecen triunfantes, los grupos subalternos están nada más en estado de defensa activa.8

En este sentido, el concepto clases subalternas debe relacionarse con el de clases hegemónicas más que simplemente contraponerse al de clases dominantes. Se vislumbra entonces la secuencia de un hipotético proceso de subjetivación: subalternidad (clases subalternas hegemonizadas), autonomía y conciencia de clase, disputa hegemónica (contrahegemonía), hegemonía (alterhegemonía). Una trayectoria abstracta donde aparecen e intervienen, en una maraña de relaciones de fuerza, actores y personajes concretos de diversa complexión: clases, grupos, masas, intelectuales, partidos, césares y, finalmente, un príncipe que podría desenmarañar y encauzar el proceso.

El concepto subalterno es ambivalente por su anclaje en la dominación y su tendencia hacia la autonomía, lo cual marca el pasaje del asujetamiento a la subjetivación. Esta ambivalencia está sintetizada en la frase donde Gramsci afirma que “las clases subalternas están siempre a la defensiva, aun cuando se rebelan”, pero dejan raras y valiosas huellas de “iniciativa autónoma”, de espíritu de escisión, de conciencia o, dicho de otra manera, de independencia y autodeterminación de clase.

Un pasaje de los Cuadernos donde Gramsci escribe del “trabajador colectivo” es ejemplar respecto a la tensión entre condición subalterna y tendencia a la autonomía, pues se refiere a la clase “todavía” subalterna y “ya no” subalterna, en términos de “escisión” y “conciencia” (C 9, & 67).

Así que, por una parte, los subalternos aparecen como pasivos o apáticos, sufren la iniciativa hegemónica, fundamentalmente la imposición no violenta y la asimilación de la subordinación; es decir, la internalización de los valores propuestos por los que dominan o conducen moral e intelectualmente el proceso histórico.

Gramsci refuerza el planteamiento cuando señala que incluso en la rebelión opera ese dispositivo relacional. Con ello rechaza implícitamente todo dualismo maniqueo que pretenda escindir a los sujetos reales a partir de la separación entre resistencia, rebeldía y sumisión como momentos independientes, de la misma manera que desecha el dualismo espontaneidad-dirección consciente.

En efecto, al mismo tiempo que están asujetadas, las clases subalternas se subjetivizan, ya que son activas. Gramsci establece las etapas y las formas de la acción de éstas en una tipología procesual que parte de la existencia material de los subalternos y pasa por distintas posibilidades y modalidades de afirmación de conciencia por medio de avances en su autonomía social y política.

En síntesis: 1. Su “formación objetiva” en el mundo de la producción (…) “su origen en grupos sociales preexistentes”; 2. “Su adhesión activa o pasiva a las formaciones políticas dominantes” en las cuales intentan influir; 3. “El nacimiento de partidos nuevos de los grupos dominantes para mantener el consenso y el control de los grupos subalternos; 4. Las formaciones propias de los grupos subalternos para reivindicaciones de carácter restringido y parcial; 5. Las nuevas formaciones que afirman la autonomía de los grupos subalternos pero en los viejos cuadros; 6. Las formaciones que afirman la autonomía integral, etcétera” (C 25, & 5, 182).

Giorgio Baratta señala acertadamente que el “etcétera” que sigue el punto 6 de la famosa nota abre a otras fases y niveles.9  La autonomía encarna el pasaje intermedio entre la subalternidad y una nueva hegemonía, lo cual corresponde a la tesis de que la autonomía (para Gramsci, encarnada en el príncipe moderno, el partido comunista10) es la condición y el punto de partida para emprender la lucha por la hegemonía.

El contrapunto o, si se quiere, la antinomia entre subalternidad y autonomía aparece, explícita o implícitamente, en distintos pasajes de los Cuadernos. Un estrecho vínculo que podría parecer obvio, pero no ha sido subrayado con suficiencia e incluso ha sido negado implícitamente cuando se han separado el estudio y el análisis de la resistencia o rebeldía de las clases subalternas marginales de la lucha por la hegemonía de las clases fundamentales: por un lado, la subalternidad como política autónoma que exalta las rebeliones y sus alcances aún parciales, aún circunscritos a la consolidación cultural de comunidades en resistencia; por el otro, la subalternidad como expresión de la eficacia de la dominación que propicia una historia de la imposibilidad del éxito y del fracaso permanente de los proyectos y los deseos encarnados en los movimientos desde abajo.

El concepto que propone Gramsci incluye y despliega las ambigüedades y los aspectos contradictorios de este proceso, las oscilaciones y las combinaciones entre la aceptación relativa de la dominación –como resultado de la hegemonía– y su rechazo igualmente relativo por medio de la resistencia y la rebelión, así como entre la espontaneidad y la conciencia. Dicho de otra manera, evidencia las ataduras de la subordinación (subversivismo, desorganización, desagregación, espontaneísmo, etcétera) y, simultáneamente, es la plataforma para una teoría de la formación autónoma del sujeto en un contexto de dominación y hegemonía, poniendo el acento en el proceso de conquista y ejercicio de márgenes de autodeterminación mediante el cual los subalternos empiezan a dejar de serlo.

  1. La fórmula “clases subalternas”

Otra cuestión de gran importancia atañe a la fórmula “clases subalternas” –que no casualmente he usado en lugar de la de “grupos sociales subalternos”.

La denomino fórmula “clases subalternas” porque considero que postula y combina adecuadamente elementos o ingredientes indispensables para pensar en los procesos de subjetivación política: la condición clasista con sus anclajes materiales en el terreno socioeconómico y la subalternidad como situación sociopolítica, el X y el Y de la genética marxista de la praxis y de la subjetivación y que aparece claramente en la intención y el esfuerzo de Gramsci a lo largo de los Cuadernos de problematizar y repensar la relación entre base y superestructura más allá de la metáfora marxiana para poder valorizar el lugar y el momento de lo político sin desligarlo de lo económico. Un botón de muestra representativo de este cruce analítico es el pasaje mencionado donde Gramsci habla de la escisión del “trabajador colectivo” como tendencia a dejar de ser clase subalterna (C 9, & 67, 1138).

En este marco general que entrecruza agencia y estructura, así como política y economía, señalaré de forma telegráfica dos cuestiones problemáticas y, mismo tiempo, fecundas en aras de perfilar el concepto de clases subalternas como herramienta de un acervo categorial de sociología política marxista. La primera es sobre el uso de los substantivos clases o grupos subalternos. La segunda se liga a la distinción entre clases fundamentales y clases marginales y su jerarquía.

Clases y grupos subalternos

poder-popular

No hay en los Cuadernos una acepción única de clase sino que aparece como un concepto constantemente adjetivado.11 En los primeros dos Cuadernos, Gramsci usa las nociones de clases productivas, populares o trabajadoras y sólo hasta el C 3 (14, 299), escrito en 1930, introduce la de clases subalternas, sin dejar de usar con frecuencia la de clases populares y esporádicamente clases instrumentales, inferiores, productoras, fundamentales, subordinadas, trabajadoras, pobres, obreras y hasta económicamente atrasadas y políticamente incapaces (C 19, & 5, 1980).12

Parece entonces que, en medio de usos variados, el de clases subalternas no implica una definición exclusiva o excluyente y, sin embargo, es la única acepción destacada y colocada por Gramsci en un lugar central del razonamiento, en el corazón de la relación político-ideológica entre dominantes y dominados. Por otra parte, hay que agregar que en dos ocasiones asume como sinónimos clases subalternas y masas populares (C 14, & 10, 1664) o clases populares (C 15, & 74, 1883), una intercalada a lo largo de sus notas con la de clases subalternas, pero que no resalta de la misma manera. En este sentido, clases subalternas es y no es un sinónimo de clases populares, ya que esta última acepción parece de talante más descriptivo que analítico o, si se quiere, de segundo orden.

En el Cuaderno 25, de 1934, en su transcripción de la nota de los seis puntos redactada en primera instancia en 1930, Gramsci sustituirá el sustantivo clase con el de grupo. Hay que señalar, pues no ha sido mencionado por los estudiosos del autor, que tal sustitución es sólo parcial, ya que conserva el lema clase en un pasaje de esta nota, en la formulación más general, mientras que posteriormente, en el punteo, introduce la de grupos subalternos. La noción de clase es utilizada por él en las notas posteriores al C 2513 y la de grupos había aparecido antes.14

Green sostiene que se trata de “expresiones intercambiables” y no representan para Gramsci conceptos distintos.15 Aunque termine siendo sustancialmente cierto en cierto nivel descriptivo,  esto no explica el cambio, no resuelve el problema de nomenclatura que comporta ni aclara el estatus del concepto de clase en el pensamiento de Gramsci.

Siguiendo el itinerario del concepto de clases subalternas, no cabe sostener que Gramsci abandone una lectura clasista de los procesos políticos y, siendo ésta la discriminante de frontera entre marxismo y posmarxismo, salga del perímetro de la tradición marxista. En todo caso, incluso si se aceptara un eventual deslizamiento semántico reflejo de una insatisfacción respecto a la precisión del concepto de clase, esto no afectaría sustancialmente el alcance teórico de carácter marxista de los Cuadernos, pues su andamiaje fundamental se rige por el criterio de clase, de inicio a fin. Lo demás pertenece, al estilo de algunas polémicas recientes, al género de las novelas policiacas.17

La introducción de la noción de grupo es interna del análisis clasista y establece una distinción cualitativa que no puede menospreciarse y que se presta, a mi parecer, a dos posibles interpretaciones. La primera es que Gramsci quiso ser más preciso en su manejo de la noción de clase y no extenderla con ligereza a la multiplicidad de formas de la subalternidad –para reservar el concepto de clase a situaciones con mayor densidad política, conciencia de clase para sí o, en alternativa, enfatizar su colocación productiva y estrictamente obrera, como clases instrumentales–. La segunda, más de orden cuantitativo, de peso, apuntaría a que los grupos puedan y deban ser entendidos como fracciones de clase. Esto resultaría más correcto en términos de la gramática marxista y, siguiendo la letra de la corrección de la nota del C 25, parece la hipótesis más probable, ya que –como señalamos– la noción de clase se mantiene en el plano más general, mientras que en el desglose particular de los puntos se introduce la de grupo.

Clases subalternas fundamentales y clases subalternas marginales

¿A cuáles clases y grupos se refiere Gramsci?

Giorgio Baratta avanzó la idea de una duplicidad interna de la categoría de subalterno, la cual englobaría tanto los subalternos-proletarios (“clases instrumentales” en Gramsci) como los subalternos-subproletarios (los marginales, a los “márgenes de la historia”). Baratta se preguntaba en quién pensaba fundamentalmente Gramsci cuando forjó la categoría y contesta remitiendo a la formulación de éste en el C 27 donde define pueblo como “conjunto de clases subalternas e instrumentales”. A partir de esto, Baratta consideraba dos hipótesis: en la primera, los subalternos se distinguen de las clases productivas, en la segunda asume que el concepto subalterno es más amplio e incluye las “clases instrumentales”. Para cortar la disyuntiva remitía al pasaje del C 3 en que el autor menciona los “elementos más marginales y periféricos de estas clases, que no han alcanzado la consciencia de clase para sí…” En definitiva, para Baratta el concepto de subalternosabarca a los proletarios y a los subproletarios.18

A una conclusión similar llega Liguori (2017), distinguiendo “clases subalternas fundamentales” de “clases subalternas marginales”, con lo cual demuestra que Gramsci maneja varias acepciones de la noción de subalterno y sin tratar de resolver el enigma de su posible articulación o de la primacía de una de ellas.

Ahora bien, es evidente que la apertura conceptual implica que Gramsci consideraba que la condición de subalternidad era transversal al entero espectro de las clases explotadas y oprimidas y, al mismo tiempo, un mínimo común denominador para poder discernir en la diversidad de su condición socioeconómica como sociopolítica (en la línea espontaneidad-conciencia) y la jerarquía en su interior. Tal jerarquía se rige a partir de dos parámetros, hacia dentro y hacia fuera: en primer lugar, sobre quién ejercerá hegemonía entre los subalternos y en segundo quién logrará sostener la “autonomía frente a los enemigos”,19 la “clase subalterna más avanzada” que puede incluso llegar a tomar el poder.20

Figuran ahí distinción y articulación, cuales criterios de método para adentrarnos en el campo subalterno o, como dice Gramsci, “el área de los grupos subalternos”, presentada como conjunto de grupos, lo cual plantea la dimensión clasista no como punto de partida sino como resultado de procesos sociales y políticos de convergencia (unificación dice Gramsci, en uso de un término fuerte), en sintonía con los planteamientos histórico-políticos de Marx y de los que se inspiraron en ellos: la clase como relación y como proceso y no como dato estadístico o actor político preconstituido en razón de sus condiciones materiales de existencia.

Sorprende que una contribución tan importante y abierta –es decir, susceptible de usos y desarrollos– haya sido tan poco aprovechada en el posterior debate marxista,21 salvo aparecer esporádicamente en el discurso político, y se haya diluido de modo progresivo al pasar por el tamiz de los estudios subalternos, los estudios culturales y el posmarxismo, en particular en la versión de Laclau, quien descarta de Gramsci justo el fundamento de clase y, por tanto, vacía de sustento clasista la noción de hegemonía, sin advertir que el comunista sardo consideraba que la hegemonía “nacía de la fábrica” (C 22, & 2, 66), lo cual no significaba que allí terminaba sino que no se podía prescindir de su anclaje material para tratar de entender su despliegue.22

En este sentido, la delimitación del concepto de clases subalternas puede darle alcance y habilitarlo como herramienta analítica para el estudio de procesos y fenómenos sociopolíticos contemporáneos. En nuestros días, como para Gramsci en los suyos, la cuestión subalterna no puede verse sólo de modo retrospectivo –historiográfico– bajo el prisma de la historia de las clases subalternas, sino que implica asumir la condición de subalternidad como problema sociológico y político del presente, lo cual comporta fina y vasta labor de actualización del significado de las diversas condiciones de clase y de los rasgos subalternos que las atraviesan.

Si los trazos que caracterizan a las clases subalternas son los que van desgranando Gramsci –disgregación, desorganización, espontaneísmo, subversivismo episódico y esporádico, estar siempre a la defensiva–, debemos reconocer que es un concepto que nos interpela directamente en tanto parece describir nuestra época. La involución subjetiva en términos clasistas se presenta como nuestra cuestión meridional, límite epocal y punto ciego teórico-político.

En consecuencia, el desafío simultáneamente analítico y político-estratégico es, en el marco de una recuperación del análisis clasista de las sociedades capitalistas contemporáneas, asumir la cuestión de las clases subalternas como una fórmula que sintetiza el límite y el horizonte de posibilidad teórico-práctica, las tareas de conocimiento y de transformación para que los subalternos dejen de serlo.

Fuente: Revista Memoria N° 265. Año 2018-1; http://revistamemoria.mx/

1 Un recorrido descriptivo de algunos de los autores más influyentes se encuentra en Massimo Modonesi, Alfonso Vela y María Vignau, El concepto de clase social en la teoría marxista contemporánea, UNAM-BUAP, México, 2017.

2 Giorgio Baratta (2007), Antonio Gramsci in contrappunto. Dialoghi col presente, Carocci, Roma; Buttigieg, J. A. (1999), “Sulla categoria gramsciana di ‘subalterno’”, en G. Baratta y G. Liguori [coordinadores], Gramsci da un secolo all’altro, International Gramsci Society, Editori Riuniti, Roma; Buttigieg, J. A. (2009), “Subalterno, subalterni”, en G. Liguori, P. Voza (coordinadores), Dizionario gramsciano 1926-1937, Carocci, Roma; Green, M. E. (2002), “Sul concetto gramsciano di ‘subalterno’”, en G. Vacca, G. Schirru (coordinadores), Studi gramsciani nel mondo 2000-2005 (2007), Il Mulino, Boloña; Modonesi, M. (2010), Subalternidad, antagonismo y autonomía. Marxismo y subjetivación política, Prometeo-Clacso, Buenos Aires. Recientemente, Guido Liguori, en dos artículos, ha ordenado de forma clara y bien documentada las acepciones que aparecen en los Cuadernos Guido Liguori (2011), “Tre accezioni di ‘subalterno’, in Gramsci”, en Crítica Marxista, número 6, Roma, en español en Massimo Modonesi (coordinador), Horizontes gramscianos, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2013, y G. Liguori (2017), “Gramsci y las clases subalternas”, en M. Modonesi, y otros. El concepto de clase social en la teoría marxista contemporánea, UNAM-UAP, México. También hay que registrar contribuciones al respecto de Capuzzo, P. (2009), “I subalterni da Gramsci a Guha”, en G. Schirru (coordinador), Gramsci, le culture e il mondo, Viella, Roma; y Filippini, M. (2011), Gramsci globale. Guida pratica alle interpretazioni di Gramsci nel mondo, Odoya, Boloña, páginas 99-139.

3 Como han señalado Buttigieg, Green, Modonesi, Arnold y Chibber; David Arnold (2008), “Gramsci e la subalternità contadina in India”, en Giuseppe Vacca, Paolo Capuzzo y Giancarlo Schirru, Studi gramsciani nel mondo. Gli studi culturali, Il Mulino, Bologna; y Vivek Chibber (2013), Postcolonial theory and the specter of capital, Verso, Londres.

4 Ya que lo he abordado (Modonesi, 2010: 33-39).

5 Que, además de ser temas ineludibles en el pensamiento marxista, habían constituido el centro de sus reflexiones en la época del Ordine Nuovo y los Consejos de Fábrica y de su posterior formación leninista en Moscú (Modonesi, 2010: 27-28).

6 En efecto, en las notas sobre las clases subalternas del Cuaderno 3 de 1930 se formula y se presenta por primera vez, en forma embrionaria, una de las principales aportaciones originales de Gramsci al marxismo: la relación “orgánica” entre Estado y sociedad civil como realización de la hegemonía de las clases dominantes, lo cual lo llevará posteriormente a elaborar la noción de Estado ampliado, “sociedad política + sociedad civil”.

7 Gianni Fresu, “Stato, società civile e subalterni”, en Anna Maria Baldussi y Patrizia Manduchi, Gramsci in Asia e in Africa, AIPSA Edizioni, Cagliari, 2010; Anna di Biagio, “Egemonia leninista, egemonia gramsciana”, en Francesco Giasi (editor), Gramsci nel suo tempo, Carocci, Roma, 2008.

8 C 25 & 5, 178, Antonio Gramsci, Cuadernos de la cárcel, Era, México, 1981-1999, tomo 5.

9 Baratta, obra citada, páginas 130-132.

10 Gramsci, en la senda leninista, no confía en una simple gestación espontánea y desde abajo de la autonomía; por ello no puede confundirse con las vertientes más autonomistas del marxismo.

11 Concepto operativo, según Raúl Mordenti (“Classe, classi”, en Dizionario gramsciano, obra citada, página 132) quien, por otra parte, cree que la autocensura hizo que no lo utilizara de forma sistemática.

12 Por otra parte, respecto a las clases dominantes, usa también las fórmulas de clases dirigentes, altas, superiores, hegemónica, burguesa, pero también, más esporádicamente, expresiones como clase intelectualclase cultaclase política y clase revolucionaria.

13 Por ejemplo, en el C 27 (de 1935, & 1, 2312) en una importante reflexión sobre el folclor donde define el pueblo como “el conjunto de las clases subalternas y tradicionales” o en C 29 (& 2, 2343).

14 En el C 8 de 1931-1932 (& 153, 1033), y después en el C 14 misceláneo de 1932 a 1935 (& 34, 1691) y en el C 15 de 1933, (& 66, 1830).

15 Green, obra citada, página 211.

16 En efecto, desde el C 10 (& 41), Gramsci hace referencia a “grupos dominantes” y “clase superior” juntos a clases subalternas y en el C 13 (& 17) usa grupos para designar a clases sociales.

17 Por ejemplo, las surgidas en torno a los Cuadernos desaparecidos, a la traición de Togliatti y la benevolencia de Mussolini o a la supuesta conversión al catolicismo de Gramsci en su agonía. Sobre el tema, véase Angelo D’Orsi, Inchiesta su Gramsci. Quaderni scomparsi, abiure, conversioni, tradimenti: leggende o verità?, Accademia University Press, Milano, 2014.

18 Giorgio Baratta, obra citada, páginas 120-122. Por otra parte, sostiene que el campesinado ocupa un lugar intermedio en una estratificación interna a los subalternos, página 123.

19 “El estudio del desarrollo de estas fuerzas innovadoras de grupos subalternos a grupos dirigentes y dominantes debe por tanto investigar e identificar las fases a través de las cuales han adquirido la autonomía frente a los enemigos que había que abatir y la adhesión de los grupos que las han ayudado activa o pasivamente, en cuanto todo este proceso era necesario históricamente para que se unificasen en Estado. El grado de conciencia histórico-política que habían alcanzado progresivamente estas fuerzas innovadoras en las varias fases se mide justamente con estos dos parámetros y no sólo con el de su separación de las fuerzas anteriormente dominantes” (C 25, & 5, 178).

20 “Otros ejemplos pueden extraerse de todas las revoluciones pasadas, donde las clases subalternas eran numerosas y jerarquizadas por la posición económica y la homogeneidad. Los movimientos espontáneos de los estratos populares más vastos hacen posible la llegada al poder de la clase subalterna que más haya progresado por el debilitamiento objetivo del Estado” (C3, & 48, 54).

21 Salvo encontrar ecos indirectos en las concepciones de clase de Thompson y posibles contactos con la de Poulantzas pero está ausente en elaboraciones contemporáneas que intentan combinar la dependencia económica de la jerarquía en el proceso decisional como la cuestión de los cuadros –que tiene antecedentes en los debates de los decenios 1960-70 en Francia– desarrollada por el marxismo analítico de E. O. Wright (Modonesi-García-Vignau, 2017: 87-106) o la propuesta de Jacques Bidet y Gérard Duménil, Altermarxisme. Un autre marxisme pour un autre monde, PUF, París, 2007, páginas 97-156. Para un panorama de las implicaciones teóricas del concepto de clase en el debate sociológico actual, véase el trabajo de Marcelo Gómez El regreso de las clases. Clase, acción colectiva y movimientos sociales, Biblos, Buenos Aires, 2014.

22 Dicho sea de paso, sorprende que el debate sobre el marxismo-posmarxismo de Gramsci se centre en múltiples aspectos, pero no considere imprescindible la variable crucial del clasismo, salvo por la posición de Laclau y Mouffe quienes, por ello, la remueven por completo en el giro teórico posmarxista que operan sobre el concepto de hegemonía. Véase Ernesto Laclau, Chantal Mouffe, Hegemonía y estrategia socialista. Hacia una radicalización de la democracia, Siglo XXI, Madrid, 1987.

Fuente: Revista Memoria N° 265. Año 2018-1; http://revistamemoria.mx/

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