Imagen: Los ojos de la noche-Lechuza de Venezuela Petroglifos de la Piedra de la Luna- cuenca del Río Cepe-Edo Aragua Venezuela.

 

Nota del editor: Este artículo está tomado de la introducción del libro La potencia del Saber emancipador. Creación de la cultura del saber-vivir. En proceso de publicación.

Elizabeth Alves Pérez[1]

Madrid,10 de octubre de 2018 

¿Por qué aquí y ahora?

hay una cosa al menos que está clara

el breve porvenir de mi pasado

tiene poco que ver con mi presente

 este presente que en definitiva

es aún intocable y viene a ser

sólo el pasado de mi porvenir

Mario Benedetti.

La visión dialéctica del tiempo y el espacio, tal como nos muestra Benedetti en su poesía comprometida con la vida, constituye la base que orienta el pensamiento reflexivo y la comprensión del movimiento de la historia. Por este camino es posible relacionar y comprender la continuidad de la lucha de los movimientos populares por el cambio histórico, que miran siempre al pasado para imaginar el futuro; y en su andar descubren en la acción cotidiana que el presente es un instante imposible de precisar entre el ayer y el mañana. Por eso, no podemos permitir que nos roben la historia porque con ello nos están secuestrando un futuro prometedor que podemos construir con nuestra propia fuerza acumulada en ella.

En la elaboración de este libro La potencia del saber emancipador. Creación de la cultura del saber-vivir, se combinan producciones de diferentes momentos y diversidad de contenidos que poseen una continuidad intelectual temática que relaciona al saber emancipador, como conceptualización teórica-práctica que rompe con la cultura tradicional del conocer y del saber, con la potencia que emana de la creación de nuevas formas orgánicas de vida en comunidad a distintos niveles de relación local, nacional e internacional. Saberes de sujetos concientes de su fortaleza y que se articulan orgánicamente para impugnan al poder constituido desde su raíz, en una reflexión-crítica, desde sus experiencias vivenciales, unida de forma histórica y cultural a sus hábitats compartidos. Esto implica la necesaria e indispensable descolonización del saber-pensar-hacer como proceso histórico concreto; esencia de la posibilidad de creación de un cambio social de raíz.

La integración de distintas investigaciones a lo largo de un período significativo, en tiempo y de trabajo intelectual vinculado a la práctica, ha permitido interactuar con anteriores y nuevas producciones que ofrecen un hilo teórico-conceptual que las relaciona en cuanto a la visión que nos vamos formando de los procesos de transformación social, que se producen de modo concreto en la realidad. Procesos que exigen la formación de una fuerza popular autónoma, con fuerza creciente, que haga posible abrir caminos certeros hacia la utopía concreta –prefigurada colectivamente– desde la única fuerza que lo hará posible, la del pueblo organizado en lucha, politizado y con visión de futuro necesario y posible. Asimismo, contribuye al debate abierto, de carácter paradigmático, que conduce hacia una necesaria e indispensable resignificación de la teoría-crítica-emancipadora y a la visión ontológica y epistemológica histórica-dialéctica que la sustenta. En un intento de superar autocríticamente posiciones dogmáticas y descontextualizadas que, lejos de contribuir, se han convertido en freno a los procesos históricos de cambio civilizatorio en la actualidad.

Las múltiples síntesis y reconstrucciones, de más de 20 años, de la sistematización de distintas investigaciones y publicaciones sobre experiencias vividas acerca de la comprensión y construcción del cambio social, desde la experiencia y formación profesional como doctora en Educación (desde 1998), siempre vinculada orgánicamente a los movimientos populares en lucha, unida a la sistematización de la intensa y rica experiencia intelectual-académica que ha significado el doctorado en Ciencias Políticas (2014-2017) en la Universidad Complutense de Madrid, me ha permitido descubrir un acompañamiento de distintos autores y autoras que han publicado sobre la transformación de la sociedad, en distintas latitudes y campos del saber, para reconfigurar teoría emergente, en revisión permanente, a partir de la interacción teórica-práctica. Así enriquecernos con una gran cantidad y calidad de nuevas experiencias intelectuales de distintos intelectuales en distintos ámbitos, en colectivos y movimientos populares que, en las últimas décadas, han protagonizado experiencias y vivencias de lucha por un cambio revolucionario y en la que humildemente hemos hecho aportes por lo menos desde el 2010 en varias publicaciones[2], que se suman a la tesis doctoral[3], de la cual hemos tomado muchos de los contenidos para diversos esfuerzos discursivos en desarrollo.

Esta experiencia nos hace sentir parte de este debate-crítico en el siglo XXI, tanto conceptual como procedimental. De ese nuevo lenguaje siempre inconcluso cuya profundidad toma la forma de diálogo y confrontación entre viejas y renovadas concepciones sobre el qué, el cómo y el con qué construir el cambio social de raíz, en condiciones de gran adversidad para los movimientos populares y pueblos en lucha. Tal como afirma Holloway (2011: 24)[4] creemos que,

Nuestra tarea es aprender el nuevo lenguaje de la lucha y aprendiendo, participar en su formación (…). El aprendizaje de un nuevo lenguaje es un proceso vacilante, un caminamos-preguntando, un intento por crear conceptos-preguntas abiertas en lugar de establecer un paradigma para la comprensión de la presente etapa del capitalismo.

Un lenguaje que tiene la firmeza y claridad de lo que se rechaza y, a su vez, el potencial para la nueva creación que se proyecta a futuro como un cambio real posible desde la potencia del pueblo organizado. Pueblo que lucha con convicción por su liberación y que acumula fuerza conquistando nuevos espacios de pensamiento y acción para lograr una vida digna sin discriminación alguna; y que para ello requiere acumular fuerzas, rompiendo barreras espaciales y apreciando la diversidad como una virtud del ser humano en su hacer-histórico. En pocas palabras, un lenguaje en permanente creación, producto y productor de cultura, de capacidad organizativa geopolítica en crecimiento y de capacidad de razonamiento crítico reflexivo para prefigurar colectivamente un horizonte de cambio posible; que oriente la creación permanente de nuevas estrategias y tácticas de acción desde la acción misma, de metas y caminos en permanente revisión y corrección, de acuerdo al impacto que se tenga de la praxis social en transformación.

Las imágenes y las representaciones, que nos hacemos de la realidad que nos rodea, están presentes en todos los aspectos de la vida cotidiana y, como producto sociohistórico, son en sí mismas portadoras de una multiplicidad de significados, que van cambiando en el propio transcurrir de la vida en sociedad. Estos cobran mayor fuerza en su contexto espacio-temporal especifico, ya que, al expresarlo en los relatos, u otra forma de comunicación, la unidad dialéctica tiempo/espacio, permite representaciones que adquiere movimiento en tanto articulan pasado y devenir histórico, creando una atmósfera especial que le otorga credibilidad a la posibilidad del cambio. El horizonte creado por los propios sujetos del cambio orienta su accionar, por lo tanto, es factible y modificable en la propia acción social. Desde su propia experiencia de vida y memoria histórica de lucha continuada.

La experiencia es una herramienta teórica-práctica para pensar en la objetivación de lo potencial, es decir, de la transformación de lo deseable a lo posible, a través de sus distintos modos y niveles de profundidad, dando lugar a que la utopía se convierta en un proyecto mediante el cual se pretenda imponer una dirección del presente (Zemelman, 1995:17)[5].

Es así como la experiencia de lucha, de los movimientos y organizaciones populares, se convierte en capacidad de auto-organización y de una nueva forma de conocer la realidad y aprender un nuevo hacer-histórico-transformador para incidir en ella.

Saber emancipador y lucha social

En la actualidad presenciamos una lucha hegemónica por el poder mundial con tendencia creciente a la concentración de capitales, sin precedentes en la historia, y una mercantilización acelerada de los territorios y la vida cotidiana en general que está destruyendo pueblos y culturas enteras, a la naturaleza e incrementado la injusticia y exclusión social a niveles impresionantes en todas las sociedades a nivel mundial. Esto vulnera los derechos humanos, impide los desarrollos endógenos y reduce la soberanía de los pueblos a nivel mundial en las decisiones vitales de su existencia. En esta barbarie resulta imposible ocultar los efectos perversos sobre la vida en el planeta y de su futuro, aunque la mayoría de la población no entienda por qué hemos llegado a tales extremos y, menos aún, cómo superarla antes de que se acabe la vida en el planeta o se dañe de modo irreversible buena parte de él. A pesar de la complejidad de esta situación, que es el resultado de un proceso histórico muy largo, es relativamente fácil comprender por qué se ha producido esta concentración de capitales, en cada vez menor número de personas, ya que forma parte de la racionalidad competitiva de la economía de mercado que beneficia a los que tienen mayor poder y que pueden aprovechase de la asimetría económica y de control político sobre los Estados/nación para elevar sus tasas de ganancia.

La intrincada red de producción mundial que mantiene el poder económico y el control político a nivel de las grandes corporaciones económicas opera bajo una racionalidad económica-social y política que tiende a profundizar aún más la desigualdad centro-periferia entre las naciones y al interior de ellas; en la que se impone la supremacía en todos los órdenes sociales, económico, político y cultural. Además, que crea la falsa expectativa de una posibilidad de desarrollo para las formaciones socio-estatales dentro de esta lógica, a la par que se renuevan vínculos de mayor dependencia y amarre que tiende a hacer más difícil zafarse airosamente de ellas. Cada intento de superación bajo estas formas de acuerdo se tiende a revertir contra ella, cuyos efectos temporales dependerán de las características de cada una y de sus condiciones particulares en la cual se presentan dichas relaciones político-económicas. Bajo el pretexto de la cooperación al desarrollo y con el “amparo” del derecho internacional público se establecen convenios entre países-centro y países-periféricos donde las relaciones de supremacía colonial-neoliberal se imponen y tienden a ocultarse bajo diferentes formas de manipulación mediática, chantaje, extorsión, amenaza o injerencia directa o encubierta para impedir o aniquilar la resistencia de los movimientos sociales para que estos no se lleven a cabo, de acuerdo con la imposición e intereses de la fuerza hegemónica. Lógica que se comprende perfectamente desde la racionalidad liberal, pero resulta inaceptable e incomprensible que se subestime por las fuerzas contrahegemónicas.

Los efectos de estos acuerdos en las mayorías populares han alertados a las más politizadas que han “despertado”, o renovado sus fuerzas, al comprender que se trata de una falacia que termina revirtiéndose contra los sectores ya vulnerados severamente. Las anteriores ofertas que han realizado los órganos que representan los intereses de las grandes corporaciones económicas, financieras y productivas, han sabido inteligentemente maquillar sus ofertas para no aparecer como los responsables de un futuro nuevo fracaso. Este planteamiento deja de lado las obvias desventajas de una relación desproporcionadamente asimétrica en cuanto al poder económico y bélico; que está detrás de cualquier negociación bilateral o de bloques económicos, que marcan la pauta en el destino de tales acuerdos, de sus efectos asimétricos en el desarrollo de las condiciones de vida para la población. Resulta cada vez menos creíble, que los “únicos responsables” de los graves problemas sociales, así como de las debilidades en sus sistemas políticos y de gobierno, fragilidades de sus sistemas legales y las limitaciones para un desarrollo socioeconómico sean justamente los poseedores y proveedores de riquezas que son codiciadas y necesarias para mantener la supremacía del “cooperante”. Sería un verdadero contrasentido dentro de la lógica liberal burguesa, que pregona la libre competencia y la libertad de empresas imponiendo el derecho privado sobre el derecho público, no actuar de esa manera. Para cambiar esta tendencia se requiere algo más que voluntad política de ambos lados de la relación. ¿Quiénes están dispuestos a hacerlo?

La creencia de la racionalidad liberal-burguesa de la posibilidad de un desarrollo de todas las naciones y pueblos, y de que éste solo depende fundamentalmente del esfuerzo y sacrificio de los países que aspiran mejorar las condiciones de vida de la población, está perdiendo peso y legitimidad en las mayorías populares politizadas; luego de los nefastos efectos de las medidas neoliberales y ultra-neoliberales de hoy, que contrastan con los intentos de hacer valer sus propias capacidades y potencialidades de cambio. Esto se evidencia en los avances de la organización popular y en la fuerza creciente de los movimientos de resistencia y defensa de la soberanía y las identidades histórico-culturales de muchos pueblos en el mundo, en medio de una nueva arremetida colonial-neoliberal, caracterizada por el uso de la fuerza bélica, en todas sus formas de guerra convencional o de cuarta y quinta generación.

Es importante destacar que si bien el colonialismo y conquista de nuevos territorios ha existido desde hace siglos como relación de dominación-sumisión, en la que se impone con gran violencia la supremacía de una élite de poder para controlar naciones o pueblos delimitados territorialmente, y al interior de estos, en el capitalismo esta relación asimétrica crece exponencialmente en favor del gran capital, porque en la lógica de este sistema se favorece el crecimiento permanente de acumulación de capital, que implica la apropiación creciente de recursos de la naturaleza para el incremento de la producción de mercancías sin límites. El sensible agotamiento de los recursos para mantener el nivel de crecimiento actual es lo que amenaza los límites ecológicos del planeta en la actualidad y explica los niveles crecientes de ecocidios, genocidios y destrucción de culturas y pueblos enteros. La lógica de la libre competencia y el control político-social de las clases dominantes sobre las subalternas, en magnitudes globalizantes a nivel mundial, es hoy más cruel que nunca en la historia de la humanidad. Basta conocer la situación que viven hoy los pueblos en África, como resultado de la más cruel de las barbaries colonizadoras de los dos últimos siglos en sus propios territorios. ¿Quiénes son los responsables de esta situación?

En el capitalismo la historia de la colonización ha permitido el crecimiento inusitado del capital originario, la riqueza lograda por el despojo y espoliación de recursos de la naturaleza, aplicando la violencia simbólica y física para garantizar la dominación y sumisión de los pueblos en la que se fundamenta el poder económico hegemónico de unas naciones sobre las otras, como parte de la racionalidad del desarrollo capitalista. Esta violencia explica no solo la resistencia de los pueblos sino las formas que adquiere la lucha histórica por sobrevivir, por preservar sus territorios y culturas, tanto ayer como hoy. A esto obviamente se suma las formas de incremento de la explotación de la fuerza de trabajo como parte de la racionalidad del capital, en la que se encuentran desde formas de esclavismo-capitalista hasta la proletarización creciente de las mayorías de las poblaciones sujetas también a la exclusión social creciente; que como expresión de la supremacía capitalista-colonial siempre son consideradas inferiores por los colonizadores; incultas e incivilizados y, por tanto, susceptibles de ser dominadas y subordinadas.

La conquista y colonización de América hace más de 500 años y la extensión a nuevas formas capitalistas en otros continentes ha sido determinante en el desarrollo del capitalismo histórico; hoy globalizado. Esto permite afirmar que los procesos de colonización de extensos territorios y el control político-social y económico sobre las mayorías sociales significó la mayor potenciación del desarrollo de las fuerzas productivas de algunos países de Europa y posteriormente de los EEUU. El capitalismo-colonial no es solo una visión ideológica de la ortodoxia liberal burguesa, que se sustenta en la cultura del libre mercado y la libertad de empresas para el logro del desarrollo –en la que estamos envueltos y sumergidos–, sino que es obvio y evidente por sus actos, más que por sus palabras, que el espíritu del colonizador, del que se siente superior, existe en la mente de muchos de los dirigentes que defienden esta ideología liberal-burguesa, con diferencias de estilo y de estrategias. Además impregna toda la cultura de la dominación en ambas lados de la ecuación. Porque en esta lucha de clases, de intereses antagónicos, a nivel mundial la discriminación racial, cultural, étnica, religiosa o de género están supeditadas a la supremacía “omnipotente” del poder económico de estos grandes centros de poder mundial, que han logrado mantenerse sometiendo a las clases subalternas, que le garantizan tal supremacía en el tiempo.

Es parte constitutiva del desarrollo capitalista a nivel mundial, que se preserva hasta nuestros días con diferencias estratégicas pero con el mismo fin, la creación de riqueza para incrementar el capital originario y la explotación de la fuerza de trabajo con la mayor violencia que pueda, en su condición de países centro, para garantizar el suministro de materia bruta y prima y la elevación de la productividad al máximo –desregularizando el trabajo–, así como ejerciendo el control absoluto sobre la distribución y comercialización de los productos en estos países dominados. Situación en su conjunto dirigida y controlada hoy por las grandes corporaciones económicas y sus agentes de gobiernos que siguen realizando o promoviendo genocidios, ecocidios y destrucción de culturas enteras, con nuevas formas de violencia bélica y política-social, que le permita sustentar los máximos niveles de explotación/opresión a los pueblos en distintos territorios a nivel mundial.

Hoy la colonización, en la nueva ortodoxia liberal, es entendida como parte del poder económico-hegemónico y de control político-ideológico a la población en una relación de dominación-subordinación al poder constituido, ajeno a los intereses del pueblo en general. Reduce sistemáticamente la soberanía e independencia política y social, subordinadas al mercado y las políticas financieras mundiales, para imponer decisiones económicas entre países y al interior de estos. La imposición implica el incremento de la violencia simbólica y física del Estado, como institución en su conjunto, hacia sectores particulares, grupos, comunidades y pueblos, por distintas razones discriminatorias y excluyentes –étnicas, lingüísticas, religiosas, de género, sociales o culturales– y que en el fondo revela el desconocimiento de la naturaleza pluricultural y de cosmovisiones distintas coexistentes en la actualidad, en todas las formaciones socio-estatales. En síntesis, en esta relación de dominación-subordinación se destaca el despojo-dominio de sus territorios, la desestabilización de sus sistemas políticos de gobierno –o posibilidades de tenerlo– y la destrucción de culturas que se resisten al dominio hegemónico mundial. Este mecanismo garantiza mayor explotación-opresión al pueblo trabajador y la elevación del beneficio de la acumulación del capital. Adicionalmente el sistema capitalista/colonialista favorece la exclusión social creciente de sectores socialmente “desechados” en tanto no les son útiles a los fines que persiguen.

A lo largo de estos siglos se han innovado estrategias al interior de los Estados-nación en el capitalismo para responder a sus propias crisis de modelos de acumulación de capital y sistemas políticos que los sustenta. Esto ha generado una gran tradición de investigación en el propio terreno de la acción comunitaria en la defensa de sus hábitats y contra toda forma de dominación-subordinación que le impida decidir sobre su propio destino, poco reconocido en tanto va en contra del orden mundial establecido e institucionalizado. Nuestro interés por aportar a la construcción de una nueva civilización que recupere el sentido humano en sociedad nos ha llevado a desarrollar investigaciones desde y para la acción, que conciba al sujeto en colectivo como el centro del cambio necesario y posible. Un sujeto que transite el camino de la descolonización del saber-pensar-hacer; que aprecia y valora el saber popular que se erige como saber político-cognitivo que da potencia al hacer-transformador de su propia realidad. La urgencia inaplazable de construir alternativas que nos orienten hacia ese horizonte nos coloca en el compromiso impostergable de crear teoría y práctica sobre situaciones concretas emancipadoras de la vida en sociedad.

¿Cuál es el reto teórico-práctico?

Saul Steinberg
Saul Steinberg

Comprendemos al sujeto político colectivo como productor y producto de su propio cambio; en la creación de condiciones y circunstancias favorables para poder superar todas las formas de opresión, discriminación y explotación capitalista, fuertemente enraizado en la sociedad, e ir venciendo los obstáculos y amenazas concretas que se presentan en el camino. Transformar el poder instituido de la sociedad coloca en evidencia la importancia que tiene el lenguaje de los pueblos y la comprensión de él para descifrar el curso de la historia. Negar esto es negar la propia historia de desarrollo de la humanidad.

Participar en un proceso histórico donde los sujetos sean protagonistas de su propia historia exige perspectivas teóricas-metodológicas que permitan comprender su praxis de creación de teoría desde y para la acción, y de (re)creación de teoría-transformadora con visión de futuro posible. Este escenario político-social plantea interrogantes que relacionan dialécticamente la potencia del saber colectivo, auto creado en encuentros de conciencia coextensivo a la vida misma, y la conformación de un poder contrahegemónico al impuesto por el sistema capitalista a nivel mundial: ¿Cómo se forma ese saber que potencia el cambio raizal?; ¿Cómo el sujeto-político produce la transformación transformándose a sí mismo?; y ¿Qué desencadena o frena este proceso de transformación?

Dada la complejidad que implica una sociedad capitalista constituida y proyectada con valores contrarios a los comunitarios, para responder a estas interrogantes nos planteamos el objetivo de: Configurar una teoría-crítica emancipadora del saber-vivir y del saber-convivir, producto y productora de una nueva cultura expresada en la praxis comunal transformadora, que crea y recrea conciencia social, política e histórica de la posibilidad y de la potencialidad de los colectivos, en lucha en la creación de la sociedad de lo común-humano.

La motivación nace del conocimiento de vivencias de lucha que constatan la existencia de comunidades y pueblos que se resisten y continúan defendiendo su dignidad e identidad histórica-cultural, a pesar de las dificultades y las asimetrías de poder que los oprime y que tienden a excluirlos, cada vez más. Que dan muestras de sabiduría, de valor y voluntad de lucha, a pesar de la correlación de poder mundial que los adversa y la indiferencia de grandes sectores que descalifican su esfuerzo o simplemente lo ignoran. Lo implica hacer distintas reflexiones a lo largo del proceso investigativo: En primer lugar, para re-construir una perspectiva histórica-dialéctica para la comprensión de las claves del movimiento de la historia y las tendencias históricas político-sociales relevantes en las distintas estructuras y ámbitos de acción sociopolítica de la praxis social para la creación y re-creación colectiva de una transformación social de raíz. En segundo lugar, para re-configurar una visión onto-epistemológica para comprender la dinámica histórico-dialéctica en la formación de las subjetividades emancipatorias emergentes y las nuevas simbologías del sujeto político-colectivo, así como su participación en dinámicas de encuentros dialógicos de reflexión crítica y prefiguración de sentidos que orientan la praxis social en transformación.

La metodología general se enmarca en una perspectiva histórica-dialéctica de totalidades orgánicas de distintas dimensiones del conocimiento geo-histórico-cultural y teorías fundamentales sobre la praxis social en transformación. Desde esta perspectiva se aprecian las dinámicas relacionales general-particular y concreto-abstracto que facilitan descubrir los movimientos, tendencias relevantes y sentidos de la historia, así como las contradicciones inherentes u orgánicas que posibilitan el cambio social. Los procesos de síntesis de múltiples determinaciones, interpretaciones y reflexiones donde emana y se configura nuevo conocimiento van permitiendo la integración entre las teorías y prácticas referenciadas con las emergentes. El estudio empírico-teórico parte de la valoración colectiva del contexto teórico-práctico cambiante en la sistematización de experiencias colectivas organizadas de vivencias significativas de acción comunal y social, que implica la revalorización de la memoria histórica de lucha continuada y la prefiguración de un cambio posible, con la propia fuerza acumulada espacial e históricamente.

De modo que las grandes totalidades discusivas teóricas-prácticas sobre las cuales estructuramos este texto: (1) el saber-comprender la transformación histórica cultural, y (2) la re-creación de la cultura del saber vivir, están dialécticamente relacionadas en una totalidad orgánica superior que constituye una representación de la realidad de las propias clases subalternas, en la búsqueda de su verdad social e histórica; en la posibilidad de creación de una vida digna sin discriminación alguna. Su secuencia obedece a una racionalidad discursiva en la que se evidencia la diversidad de visiones de la cultura del conocer, de la potencia intrínseca del saber popular emancipado, halladas en las partes constitutivas del mismo proceso de transformación social.

De esta manera, las propuestas hipotéticas que orientaron la investigación y que a nuestro entender la logramos validar en distintas tesis relacionadas, se pueden ir argumentando simultáneamente desde el contexto teórico-conceptual y geo-histórico, a partir de esta racionalidad discursiva. Advirtiendo, sin embargo, que sigue un proceso de precisión y ampliación teórica-práctica, propia de amplio y abierto de debate que existe en esta área del saber a nivel paradigmático de la teoría crítica-emancipadora. En líneas generales, y solo a nivel referencial introductorio, sin entrar en su configuración definitiva, señalamos que estas tesis están relacionadas con las siguientes ideas:

  1. El saber comprender la transformación de la realidad por los propios sujetos-políticos protagonistas del cambio, como producto y productores de una nueva cultura transformadora, les permite acceder a la construcción de herramientas de razonamiento reflexivo-crítico liberadoras de los procesos de alienación del sentido común, con creciente autonomía y  capacidad autoorganizativa.
  2. Este proceso individual y colectivo convertido en saber popular-comunal responde, de modo creativo e innovador, a la generación de cambios sociohistóricos significativos. La fuerza devenida de la comprensión de las claves del movimiento de la historia y de la formación de la conciencia social, política e histórica es expresión de la sabiduría popular de las clases subalternas en lucha, que apuntan a un saber-vivir un saber-compartir en su proceso de creación y recreación el cambio deseado.
  3. En esta confrontación cultural surgen subjetividades emancipatorias que se contraponen a las subordinadas y que se expresan en la praxis en nuevas necesidades de cambio raizal, nuevos imaginarios y nuevas simbologías. Cultura que posibilitan la creación creciente de alternativas viables, innovadoras y creativas, orientadas por una nueva racionalidad humana para la creación de la sociedad de lo común humano como horizonte histórico.

En síntesis, la dinámica relacional teórica-práctica y la valoración colectiva desde la acción social responden a las exigencias de un proceso histórico de gran creatividad y capacidad innovadora de los sujetos políticos protagonistas del cambio, por lo que se plantean métodos para la reflexión crítica autónoma que les permita comprenderse como sujetos colectivos de la praxis, en la creación de saberes populares-comunales con potencial transformador, en la producción de propuestas innovadoras de la vida social en general, que rompan con el poder establecido y abran caminos de cambios significativos hacia una nueva sociedad.

Racionalidad discursiva de la potencia del saber emancipador

ARES Introspección acrílico s lienzo, 125 x 125 cm 2013
Ares. Introspección

En atención a la epistemología que hemos asumido para comprender la realidad social y la metodología de investigación, coherente con ella, la estructuración del texto la concebimos en dos partes, que a pesar de tener una secuencia expositiva lógica su producción ni su lectura se amarran a una linealidad preestablecida. El reto es mantener la visión de totalidad orgánica y de relaciones dialécticas entre las dos partes evitando repetir contenidos ni adelantarse incoherentemente en aquellos análisis que requieren argumentaciones con mayor nivel de especificidad y que son tratadas con posterioridad[6]. Está basada en la experiencia intelectual y práctica de varias investigaciones anteriores relacionadas con este tema. De hecho, a lo largo del testo están incorporados partes y capítulos del libro del Saber emancipador de Elizabeth Alves (2010)[7], con una evidente revisión, modificación y ampliación significativa tanto en lo teórico como en lo referencial de la experiencia empírica que lo convierte en otro libro. Conserva como base discursiva buena parte de los planteamientos realizados en dicha edición, pero todos los contenidos han sido recreados, tratando de ofrecer argumentados más sólidos, aunque prevalece en muchos de ellos su carácter de inacabados, dada la naturaleza del debate político existente en esta área del saber. A nuestro entender, existe mayor madurez y alcance en la elaboración teórica, e interacción con experiencias empíricas vivenciadas y sistematizadas, en las nuevas configuraciones teórico-conceptuales que se exponen.

1.- Saber-comprender la realidad y la transformación histórica-cultural

 Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad.

Albert Einstein

En la primera parte, asumimos la importancia de la producción de un saber emancipador en su dialéctica histórico-social, como generador de rupturas con la reproducción de capital y valoración del ser. Con una metodología de acción que le dé sentido a la praxis social en la realidad individual y colectiva, en la que se genera una dinámica que combina y produce conocimientos técnicos, habilidades y valores con saberes sociales, políticos e ideológicos, como base para transformar la realidad. Iniciamos precisando, en qué consiste la cultura del saber y el poder del capital, relacionado con el hacer político, que permite comprender como se da el engranaje capitalista para su reproducción sin riegos, que facilita el secuestro del conocimiento como fuerza productiva cardinal, en favor del capital y en contra del ser humano en general. Continuamos con la comprensión de cómo se produce el conocimiento de la realidad para una posible transformación social de raíz, donde queda en evidencia la potencia de la racionalidad crítica-emancipadora desde los propios sujetos del cambio.

Hacemos un esfuerzo teórico para comprender el conocimiento transformador como una totalidad analítica con sentido humano-social, en la que se evidencie el contraste paradigmático en la racionalidad discursiva del saber, desde la perspectiva hegemónica y la contrahegemónica en las ciencias  sociales en la actualidad, y, por tanto, en la interpretación/representación que se hace el sujeto-político e histórico en la reproducción/transformación de la realidad. Comprendemos el conocimiento para el cambio social, como producto de la actividad crítica del poder, y la dialéctica discusiva que lo relaciona con el pensar y el hacer, en el que se van configurando nuevas necesidades y posibilidades históricas de cambio social posible. La existencia de una dialéctica de la cultura y el saber requerimos desvelarla con urgencia para comprender la realidad desde otra perspectiva no reproductiva de lo existente, como lo único posible. De allí  parte de la relevancia que tiene el trabajo pare el ser humano en sociedad como actividad existencial no solo mercantil, y la incidencia que, por tanto, tiene en para el devenir de la historia la división internacional del trabajo que impone el capitalismo como inevitable e insustituible. División que destruye el saber, como bien común, para acaparar las riquezas producidas del trabajo humano y de los territorios donde cohabitamos; para colocarlas en favor de las élites de poder económico mundial para la reproducción y acumulación de capital.

Esta disertación nos llevó a comprender la relación que existe entre la división del trabajo y la apropiación que hace el capitalismo del saber, y que ha llevado a la pérdida del control de la producción, material e inmaterial, de la clase trabajadora sobre los procesos de producción de condiciones y medios de existencia. Situación que ha tenido como reacción lógica un rechazo al despojo de recursos y territorios y a la destrucción de identidades histórico-culturales, que motorizan el curso de la historia en una evidente confrontación de intereses antagónicos. Una lucha de clases a nivel local, nacional e internacional que siempre mantiene viva las esperanzas de superación de este sistema explotador, opresor y discriminador. Al profundizar el análisis-crítico en el sujeto político podemos desvelar su racionalidad vivencial en su proceso de lucha histórica en el cual se propone romper con el poder instituido del capitalismo.

2.- Re-creación de la cultura del saber-vivir

Sólo la experiencia puede corregir y abrir nuevos caminos. Sólo la vida sin obstáculos, efervescente, lleva a miles de formas nuevas e improvisaciones, saca a luz la fuerza creadora, corrige por su cuenta todos los intentos equivocados.

Rosa de Luxemburgo

En la segunda parte, con un esfuerzo sistemático, desarrollamos un modo de comprender cómo se crea y recrea una cultura que implica una comprensión de la vida y de cómo incidir en ella significativamente en el siglo XXI. En un contexto histórico y geopolítico mundial convulsionado, que exige respuestas urgentes a la alienación producida por la división del trabajo internacional y la fragmentación de las clases subalternas y de los movimientos en lucha. De la mercantilización de todas las formas de vida para garantizar la sociedad de consumo que sustenta la economía de mercado. Comenzamos precisando qué es lo que negamos del capitalismo y qué es lo que tenemos que crear como lo nuevo, para orientarnos al cambio social de raíz. Partimos de la existencia de un asecho de la cultura hegemónica que nos aliena toda nuestra existencia e impregna su cultura de la dominación y subordinación a partir de sus valores de individualismo que desconoce la condición comunitaria del ser social y espíritu de competencia, cada vez más exacerbado que destruye la convivencia solidaria. Simultáneamente, impone una manera de interpretar la realidad desde un reduccionismo que limita y atropella la inteligencia humana y dificulta el pensamiento complejo y dialéctico para comprender el cambio posible,  e impone un ritmo de inmediatez en la acción que obstaculiza y nubla la visión histórica para prefigurar cambios posibles. De esta manera, se impone la supremacía intelectual que se integra a la supremacía económica y política que ejerce el capitalismo para mantener la dominación. Esto nos coloca en el imperativo de impugnar la colonización del pensamiento-acción y de superar el sentido común alienado para posibilitar el cambio.

Consideramos de gran valor la reflexión sobre la ruptura de la reproducción del capital, a partir de la construcción de la verdad histórica de los sujetos que luchan por el cambio y que, por tanto, deben romper fetiches inducidos y alimentados en el discurso del poder para poder superar obstáculos del saber-pensar. Exige apropiarse colectivamente de la relación dialéctica espacio-temporal de un pensamiento crítico-reflexivo del ejercicio del poder, desde otra perspectiva; desde la visión de la lucha de confrontación social en la que existe más de una verdad, y comprende que estas verdades son construcciones sociales que parten de la diversidad de sentidos que van creando los sujetos sociales en su devenir histórico.

De esta manera, llegamos a la conceptualización de la cultura del aprendizaje emancipador como propuesta teórica-práctica que permite introducirse en las entrañas de la realidad y producir razonamientos reflexivos que llevan al ser humano a comprender la necesidad histórica de una posibilidad de cambio raizal desde la acción colectiva. Se desencadenan de esta manera espacios dialógicos de encuentros de conciencias que valoración las experiencias de vida y lucha, como clave de la sabiduría popular capaz de desencadenar cambios significativos, en los distintos ámbitos de acción social. Sintetizamos algunos caminos para aprender a cambiar, apreciando de nuestra fuerza cognitiva potencial, valorando la importancia del sentido histórico y la creación de la sabiduría del hacer-colectivo, en esos espacios dialógicos democráticos, liberadores del ser humano. Es fundamental valorar la necesidad del reagrupamiento de las fuerzas populares en medio de un diversidad histórico-cultural y de sentidos de la historia; que encuentra un punto en común al organizarse y actuar en contra de la cultura de la sumisión, la desesperanza y la incertidumbre en la que se sumergen las grandes mayorías sociales. De esta forma se valida y reafirma su carácter rebelde al poner, en la palabra y acción, la legítima aspiración de superar el orden establecido, para rescatar los bienes comunes, incluido el saber, al servicio de toda la humanidad, sin discriminación alguna y en simbiosis con la naturaleza a la que pertenecemos.

Finalizamos relacionando la creación del saber emancipador en y para la praxis transformadora, que exige la creación de un saber hacer y saber ser, partiendo de la reconceptualización del trabajo humano para la reproducción de la existencia como trabajo cooperante emancipador, comprometido con el bien común. Así creamos la categoría del trabajo intelectual/productivo, contrario a la división del trabajo creada en el capitalismo, como expresión de la nueva sociedad en construcción, que valora al ser humano en su visión histórica de transformar al mundo, a partir de un saber-vivir y saber-convivir que emana de la propia experiencia de vida en sociedad. Esto implica retos políticos-cognitivos de los sujetos protagonistas del cambio social, en su perseverancia y audacia por diseñar medidas y estrategias colectivas para actuar en contracorriente y enfrentar fuerzas internas y externas, obviamente superiores a las fuerzas del cambio, que se han mantenido en una relación de dominación-subordinación por distintas razones históricas.

En otras palabras, es imperativo asumir el protagonismo colectivo en la creación de una nueva cultura del aprendizaje emancipador para un conocimiento transformador que rompa con la reproducción capitalista. Que rompa con la cultura del terror que garantiza la reproducción de este sistema, contrario a los intereses colectivos de toda la humanidad y demás seres vivos del planeta. Se trata de la creación de un saber emancipador de carácter colectivo que sea contrario a la cultura capitalista impuesta en la hegemonía actual que niega la esencia solidaria, cooperante y que se oriente al buen vivir en sociedad y en armonía con la naturaleza.

 

[1] Doctora en Educación (Venezuela, 1998) y Doctora en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales (España, 2018)

[2] Desde 2010 han mediado cuatro libros relacionados con el saber emancipador y poder popular-comunal: “Inteligencia Colectiva para la construcción del Socialismo” en 2010, Dialéctica del saber emancipador. Ruptura de la reproducción del capital y valoración del ser” editado en 2010 y publicado en julio de 2013, “La Naviera socialista del Orinoco. Unidad de acción para el rescate de la Patria soberana” en 2012, y “Planificación emancipadora. Subversión contra el capital en la Venezuela bolivariana” en enero de 2013.

[3]Agenda postneoliberal y decolonial de Venezuela, 1989-2013. La (re)configuración de una teoría crítica emancipadora. (2017)

[4] Holloway, John (2011). Agrietar el capitalismo. El hacer contra el trabajo. El viejo topo. Ediciones Herramientas, Buenos Aires.

[5]Zemelman, Hugo. (1995). Determinismos y Alternativas de las Ciencias Sociales Latinoamericanas, Caracas, Editorial Nueva Sociedad, Universidad Nacional Autónoma de México, Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias.

[6] Como resultados de múltiples ensayos, casi hasta última hora, estructuramos un esquema de exposición, que no necesariamente es el mejor, pero que lleva la pretensión de darle una secuencia que parte de la estructuración de una visión contextual teórica-práctica más general sobre el saber-comprender la realidad en transformación. Así como del proceso de recreación de la cultura del saber  vivir en el siglo XXI. Consideramos prudente dejar  para otra edición la reconfiguración de una teoría-crítica emancipadora; en la que se evidencia la potencia del saber comunal hacia la sociedad de lo común-humano.

[7] Alves, Elizabeth. (2010) Dialéctica del saber emancipador. Ruptura de la reproducción del capital y valoración del ser. Caracas: Editorial el perro y la rana.

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