Entrevista a John Bellamy Foster realizada por Gordan Stošević e Ivan Popović*

02 de junio 2018.

“Syriza en el poder, pero también Podemos, son partidos que se han convertido en proyectos socialdemócratas moderados, en el mejor de los casos”.
El espectro del marxismo

¿Es relevante hoy la ideología marxista? ¿O ahora apenas tenemos “los despojos” de estas ideas en los partidos socialdemócratas dominantes, que básicamente tienen los mismos programas que los partidos de derecha?

imagen 4No hay duda que la crítica teórica marxista del capitalismo es más relevante hoy que nunca y ejerce una influencia creciente en muchas partes del mundo, una señal más de la profunda crisis del sistema y el aumento de la disidencia.

Sin embargo, cómo traducir esto a la práctica es inevitablemente más difícil y varía de un territorio a otro. En la actualidad la política electoral en América del Norte y Europa es principalmente el dominio de los partidos capitalistas. Los socialdemócratas se han convertido en social- liberales sociales y ya no hay distinción entre ellos y el centro-derecha.

Esto no es un reflejo de las fuerzas sociales existentes en la sociedad, tanto por las políticas de austeridad impuestas por el capital en la era neoliberal, debido, básicamente, a la pretensión thatcherista que no había una alternativa al sistema actual. Todo esto formaba parte de la narrativa del “fin de la historia”: de la noción que el liberalismo / capitalismo era el único futuro posible tras la desaparición de sociedades del tipo soviético.

En esta atmósfera, el capital, que estaba enfrentando su propia crisis de acumulación, ha buscado llevar a cabo lo que Gramsci llamó una “revolución pasiva”, empleando su posición hegemónica para cambiar las reglas de manera permanente a su favor.

Sin embargo, el empeoramiento de las condiciones generales, reflejado en: estancamiento económico, financiarización, aumento de la desigualdad, crisis ecológica planetaria, extensión de la guerra y riesgos para la humanidad en muchos campos, se ha combinado para hacer una caricatura de la idea de progreso del capitalismo.

En todas partes, la gente está luchando para hacer frente a las crisis sociales y ecológicas, y cada vez más, los pueblos se dan cuenta que estos problemas requieren una fin del actual sistema de acumulación. El estado neoliberal está ahora en crisis. Los bloques de poder dominantes, en casi todos los países, están recurriendo a partidos neofascistas como una manera de asegurar su control sobre la sociedad, es decir, una utilización del poder duro conformando por alianzas entre los ricos y un nueva clase media reaccionaria.

En estas circunstancias, los movimientos y estrategias pueden diferir ampliamente entre países. En Europa occidental, los Estados Unidos y Japón – es decir en la tríada imperialista – las luchas radicales más importantes son generalmente extraparlamentarias, aunque el Partido Laborista – con Corbyn a la cabeza en el Reino Unido – representa que puede la lucha parlamentaria ser crucial. Esto es así porque por primera vez la dirección del Partido Laborista está tomando una postura antiimperialista.

En los movimientos globales del Sur han aparecido movimientos revolucionarios que se proponen un socialismo autentico y como ha sido verdad durante más de un siglo, las principales revoluciones se han producido en la periferia y semi-periferia del sistema capitalista.

Uno de sus libros se llama The Theory of Monopoly Capitalism. ¿Puede darnos una idea del argumento principal? ¿De qué se trata?

La teoría del capitalismo monopolista se centra en el análisis del capital monopolista de Paul A. Baran y Paul M. Sweezy, que en su tiempo fue el estudio más influyente de la política económica marxista y de la teoría de la crisis.

Baran nació en Ucrania en la Rusia zarista y se educó en la Unión Soviética y Alemania. Cuando Hitler llegó al poder huyó a Polonia, ya era doctor en economía pero prosiguió sus estudios en Harvard, Estados Unidos. Después de la guerra trabajo bajo la dirección John Kenneth Galbraith, también la Reserva Federal y fue profesor de economía en Stanford. Su libro más famoso, antes de Monopoly Capital, fue The Political Economy of Growth (1957); una obra fundamental en la teoría de la dependencia marxista.

Sweezy era hijo del vicepresidente de uno de los bancos de JP Morgan, y fue producto de una educación de élite en Harvard (en Exeter). Se sintió atraído por el marxismo durante su estadía en la London School of Economics. Sweezy escribió The Theory of Capitalist Development: Principles of Political Economy (1942), que a menudo se considera como uno de los trabajos más importante sobre los principios económicos marxistas.

Sweezy es el editor fundador de Monthly Review, para el cual Albert Einstein escribió su “¿Por qué el socialismo?” en el primer número. Sweezy fue blanco de la cacería de brujas anticomunista durante la época de McCarthy, La revolución cubana fue fundamental para Baran y Sweezy, y el Monthly Review adquirió su identidad primaria como un medio defensor de las revoluciones de lo que entonces se llamaba el Tercer Mundo.

Con el libro “Monopoly Capital” se expuso la razón económica que hace que el estado normal del capitalismo monopolista es una era un estancamiento permanente. Este análisis fue un crítica radical al capitalismo fue la base para el desarrollo de la economía política radical en los Estados Unidos hasta mediados de la década de 1970.

Sin embargo a fines de la década de 1970 hubo un movimiento, en el marxismo occidental, que fue enormemente creativo en muchos aspectos, pero que condujo a un rechazo por parte de un sector de la  izquierda a las ideas acerca capitalismo monopolista retrotrayendo al marxismo a cierto fundamentalismo.

En esta visión fundamentalista, consideraba que la crítica de Marx al capitalismo era suficiente para analizar del presente. Por tanto fueron minimizadas las consecuencias de la concentración, la centralización del capitalismo, el crecimiento de los oligopolios y el predominio de las corporaciones multinacionales. La economía política marxista retrocedió así en muchos aspectos. Las críticas a los estudios de Baran y Sweezy, afirmaron de manera injustificada, que ambos economistas habrían negado la teoría del valor marxista.

Mi libro The Theory of Monopoly Capitalism, fue pensado para responder a estas críticas y, demostrar cómo la teoría económica se había desarrollado de acuerdo al riguroso pensamiento crítico de Marx .

La verdadera política de hoy debe ser una política revolucionaria o como dice Samir Amin, debe necesariamente ser “audaz” en sus objetivos.

Aunque, en la década de 1979, la mayoría de la economía política marxista cayo una escolástica vacía de contenido, Sweezy y el economista Harry Magdoff, desarrollaron en ese periodo un poderoso análisis del estancamiento económico que ha terminado con la explosión financiera. Sus estudios adelantaron la financiarización. Explicando que este fenómeno es la principal respuesta al estancamiento económico del capitalismo en la actual fase. También examinaron el crecimiento del capital monopolista en forma de corporaciones multinacionales. Los análisis de la monopolización, el estancamiento y la financiarización resultaron ser las ideas más poderosas para explicar la acumulación capitalista y la crisis en la época contemporánea.

El representante más importante de esta línea de pensamiento – incluida la lucha contra el imperialismo- es Samir Amin, que recientemente publicó Modern Imperialism, Monopoly Finance Capital y Marx’s Law of Value. La teoría del capital monopólico ha cobrado un ímpetu adicional en los últimos años con la aparición de algunos de los manuscritos inéditos de Baran y Sweezy escritos a propósito del libro Monopoly Capital.

¿El marxismo tiene un futuro en la política real?

Sí, si realmente estamos hablando de política real, y no de la política institucionalizada que es un simple cambio de sillas entre los miembros de la elite del poder. De hecho este tipo de política sustituye a la política real.

Por tanto el materialismo histórico sigue siendo la base real de las políticas críticas y revolucionarias que siguen desafiando al capitalismo en todo el globo.

En este sentido, el espectro del marxismo aún persigue al capitalismo, un hecho que se hace evidente por los permanentes ataques procedentes de la ideología burguesa; una ideología que hoy no tiene que ofrecer nada más miedo como respuesta a su propia crisis.

El impacto actual de la filosofía de la praxis (el marxismo) es obviamente diferente en cada país. Sin embargo, la crisis global del capitalismo es de tal nivel que muchas de estas diferencias se están difuminando. Las noticias diarias confirman que el tiempo del cambio histórico está creciendo, tal como ocurre siempre en las épocas de transición.

Sin embargo el movimiento hacia el socialismo muestra señales de fragmentación por un lado (en la clase trabajadora) y también fortalezas en los procesos que yo llamo “lucha co-revolucionaria”, una alianza que deberá reunir a los diversos sectores afectados por el sistema.

Lo que estamos viendo es un movimiento más crítico, más revolucionario en su alcance, que incorpora entre sus objetivos la instauración de una igualdad sustantiva.

Los movimientos revolucionarios de hoy en día (particularmente en América Latina) son amplios y creativos, porque incorporan las culturas vernáculas y luchas de diferentes raíces. Un aspecto crucial en este proceso es la autocrítica, debemos aprender del pasado. La verdadera política de hoy debe ser una política revolucionaria o como dice Samir Amin, debe necesariamente ser “audaz” en sus objetivos.

 ¿Cuál es el futuro del capitalismo?

El capitalismo, como argumentó el difunto István Mészaros, hace mucho tiempo que pasó de su fase ascendente. Ahora está abiertamente en una fase decadente. Al mismo tiempo, su poder de destrucción no tiene paralelo.

Hace poco estuve leyendo el libro, The Future of Capitalism, escrito hace unas décadas por Lester Thurow, un famoso economista liberal de los Estados Unidos. Thurow no era un radical, pero era lo suficientemente crítico como para sacar a relucir algunas de las contradicciones del capitalismo. A pesar de ser una figura del establishment, su crítica es absolutamente devastadora. En el penúltimo capítulo, escribió que la relación estructural del capitalismo con el medio ambiente carcome sistemáticamente el futuro. “Cada generación que toma las buenas decisiones capitalistas está produciendo como efecto un suicidio social colectivo“.

Lester Thurow sostiene que en capitalismo prevalece la anarquía. Se pregunta ¿quién está al mando del sistema social? Su respuesta es nadie, “dado que el capitalismo no cree en un sistema social”… “la única área donde el capitalismo está en condiciones de planificar, argumenta Thurow, es en el área militar y en la represión. Su libro concluye diciendo que bajo el capitalismo, el peligro es el “estancamiento”,. “Los problemas intrínsecos del capitalismo- visibles desde su nacimiento- tales como el estancamiento de las inversiones, la inestabilidad, la creciente desigual, el lumpen proletario, todavía están allí esperando ser resueltos”.

Por supuesto, Thurow, que fue un gran impulsor de la tecnología, creyó que la tecnología era respuesta, su propuesta no era hacer cambios fundamentales en las relaciones sociales. Estaba muy lejos de ser un pensador o activista revolucionario. Pero es notable cuán conscientes era de las principales contradicciones del sistema.

La era del triunfalismo capitalista que siguió a la disolución desde arriba del sistema soviético, finalmente ha provocado una serie de crisis cada vez más profundas, el crecimiento de la desigualdad, un impulso renovado del imperialismo, amenazas de una guerra con armas nucleares y un tren desbocado y acelerado que puede terminar en un fin del medio ambiente.

La estructura urbana global se ha convertido en lo que Mike Davis llamó “un planeta de tugurios”. Tomando en cuenta todo lo anterior las perspectivas futuras para las nuevas generaciones, bajo el capitalismo, nunca han sido peores. La pregunta es: ¿puede la humanidad trascender este sistema para crear un mundo colectivo y sostenible? Esta pregunta no es una cuestión académica, sino de supervivencia.

¿Cuánto más se puede aceptar la creciente brecha entre ricos y pobres? ¿Qué debe suceder para que se produzca el cambio?

Las decisiones que “la gente puede tomar” siempre es una buena pregunta. Tiene que ver con una gran cantidad de cuestiones más allá de las condiciones materiales tales como las formas de control social, la hegemonía, la organización en la base, la fragmentación o la unidad de los movimientos, la audacia de la respuesta, la coordinación internacional entre fuerzas nacionales y locales, el espíritu de los tiempos, las revoluciones culturales.

No hay una respuesta global. Como dijo Marx, “la tradición de todas las generaciones muertas pesa como una pesadilla en los cerebros de los vivos”. Para la burguesía, la pesadilla son las esperanzas revolucionarias, las tradiciones y la creatividad encarnadas sobre todo en el marxismo y el socialismo en general. Para los oprimidos, la pesadilla consiste en las grandes derrotas que siguieron a las victorias del pasado.

“Las revoluciones proletarias, como las del siglo XIX”, escribió Marx en un período de derrota, “se critican constantemente, se interrumpen continuamente en su propio curso, regresan a lo aparentemente logrado para comenzarlo de nuevo, se burlan de sí mismas con minuciosidad sin piedad”… “Las insuficiencias, debilidades y la anemia de los primeros intentos por cambiar el mundo solo pueda extraer nuevas fuerzas desde la base para levantarse de nuevo, en un movimiento más gigantesco que haga retroceder para siempre a los que viven del trabajo ajeno” Creo que esta misma lógica se está desarrollando hoy pero en un un lapso de tiempo más largo y a una escala global infinitamente mayor.

¿Se “estudia” el marxismo más en Wall Street que en el centro de la izquierda? ¿Por favor explique porqué?

Es una pregunta divertida. Sí, creo que hoy se estudia mucho a Marx en Wall Street, al menos entre los intelectos de mayor alcance. Hay un molde pragmático en la mayoría de los negocios, sus intelectuales entienden que una visión realista y crítica de la economía capitalista, como la ofrecida por Marx, es bastante útil, mientras que la economía neoclásica es principalmente ideológica.

Recientemente escribí un artículo para la revista Jacobin sobre Marx como economista del siglo XXI. Volví a un famoso artículo de James Cassidy escrito para The New Yorker en 1997. Cassidy cuenta en el artículo que conversando con un economista educado en Oxford y un importante banquero de inversión, le dijeron que Marx era el economista más importante para comprender las tendencias contemporáneas.

Cassidy se empeñó en un programa intensivo para estudiar a Marx y concluyo que Marx era el “próximo gran economista” del siglo XXI. Ahora, después de la gran crisis financiera de 2007-09 y el posterior estancamiento económico, junto con los mayores aumentos de la desigualdad en la historia mundial, muchos están de acuerdo con este pronóstico, incluso en Wall Street. Hoy existen sitios web financieros como Naked Capitalism, que a menudo tratan a Marx con seriedad.

Mientras esto ha estado ocurriendo, hay una contracción en los estudios de Marx y el marxismo en las universidades, principalmente porque las universidades son bastante aburridas, se han transformado en estructuras del establishment desde hace más de una década , por tanto están atrasadas a las principales tendencias de la sociedad. Hoy la academia sigue atrapada en la era neoliberal de Thatcher y Reagan.

Además, la izquierda académica dio un gran rodeo por el posmodernismo – (aislándose por un tiempo de las principales luchas) que es una filosofía del pesimismo y la derrota, aunque no sin algunos avances críticos. En la actualidad, sin embargo, los izquierdistas más jóvenes son más críticos e inquietos, y más materialistas y realistas en su opinión. En muchos de los países capitalistas ricos, hay un creciente interés en el socialismo y en Marx.

La izquierda que se desarmó intelectualmente durante el período posmodernista parece estar lista para armarse intelectualmente de nuevo, y esto significa volver a la tradición crítica más profunda, que ofrece análisis y herramientas para el cambio, es decir, a la filosofía de la praxis.

Esto no es todavía un movimiento revolucionario, pero sí representa una creciente crítica al capitalismo y el intento de un número creciente de personas por construir un movimiento hacia el socialismo.

Por lo tanto, no solo un Wall Street toma a Marx en serio, sino también un tipo de pánico ideológico en la cúspide que no sabe cómo combatir a una juventud cada vez más rebelde, atraída no simplemente a un populismo radical amorfo. Sino por algo mucho más peligroso para los poderes fácticos: el marxismo, que regresa con formas nuevas pero reconocibles con su primera época de elaboración. El marxismo se está estudiando hoy en muchos lugares con una intensidad que no se ve desde la década de 1970 y con una mayor sofisticación y perspicacia crítica.

¿Deberíamos observar el “capital” hoy a través del marco de Thomas Piketty o deberíamos apegarnos a puntos de vista de izquierda más tradicional?

Escribí un artículo en Monthly Review con Michael D. Yates en noviembre de 2014 titulado “Thomas Piketty y la crisis de la economía neoclásica”. Nuestro argumento fue que Piketty rompió parcialmente con la economía neoclásica en respuesta a la crisis de nuestro tiempo, al igual que lo hizo Keynes en la década de 1930

Y… al igual que Keynes (como ahora sabemos) Piketty tomó prestados conceptos críticos de Marx en el proceso. El análisis de Piketty gira en torno a su famosa fórmula r> g, “R” representa la tasa anual de retorno de riqueza -llamada por Piketty “capital” – y “G” para la tasa de crecimiento de la economía (el PIB).

Piketty no fue ignorado por los guardianes hegemónicos de la ideología económica. Fue capaz de respaldar su tesis con la base de datos más completa sobre ingresos existente (The World Top Income Database). Su análisis en “El capital en el siglo XXI” hizo un agujero, tanto teórica como empíricamente, a la noción neoclásica que el capitalismo desarrollado conduce a una disminución de la desigualdad. En cambio, señaló que la desigualdad está enraizada en la riqueza heredada. Hay muchas cosas que decir sobre este análisis.

Sin embargo, Piketty evitó hacer preguntas cruciales, como clase sociales, monopolio y estancamiento económico. Se las arregló para mantenerse en gran medida dentro del ámbito de la economía neoclásica, aunque sus análisis aportan un grado de realismo crítico. Su solución definitiva es simplemente un impuesto a la riqueza.

Lo que Piketty hizo, entonces, es proporcionar credibilidad a la crítica marxista desarrollada, por Kalecki y la tradición marxista que explica el capital monopolista. Por tanto, para entender la crítica parcial de Piketty a la economía neoclásica dominante, es necesario recurrir a la teoría marxista pues esta ofrece el análisis crítico más completo. Piketty toma prestado estos análisis, una manera superficial y contradictoria.

Es importante subrayar que Piketty, con toda su discurso sobre la desigualdad creciente asociado a la lógica de la concentración de riqueza bajo el capitalismo, evita, sin embargo, abordar el tema del poder de clase y no menciona el poder de los monopolios.

En su opinión, ¿por qué la izquierda de hoy no responde a los desafíos de la sociedad?

Lo que a veces se llama la izquierda hoy en día es una agrupación política en gran parte reformista, incluso reaccionaria, que busca hacer que el capitalismo funcione mejor, o peor ; una forma algo más benigna de neoliberalismo. Incluso los partidos socialdemócratas tradicionales son hoy en el mejor de los casos, partidos social-liberales.

Lo que a menudo se caracteriza como “partidos de izquierda” son en realidad partidos capitalistas, que sirven principalmente a esos intereses. Los partidos socialdemócratas a menudo se presentan como capaces de promover los intereses del capitalismo, al tiempo que aseguran la colaboración de los sindicatos.

Cuando están en el poder, son los intereses del capital los que tienen prioridad. Hay razones complejas para esto, incluidas las formaciones de clase, la hegemonía ideológica, las estructuras de poder económico y político. También está el rechazo de cualquier intento de contra-hegemonía y a las estrategias revolucionarias o radicales en la izquierda,

En contraste, una estrategia de izquierda efectiva, debe tener su base en la construcción del poder de la clase y la forja de un modelo orgánico socialista de reproducción metabólica social (para emplear la terminología de Mészaros), en oposición a la forma enajenada de reproducción metabólica desarrollada por el capitalismo.

Debe ir en contra de las reglas del poder y desafiar toda la estructura y la lógica del estado y la economía, creando un poder constituyente alternativo basado en las luchas colectivas de la clase trabajadora en toda su diversidad.

El ejemplo más claro de la implementación de una estrategia de este tipo, denominada protagonismo, es Venezuela, por lo que el imperio estadounidense está haciendo todo lo posible para erradicarla, no simplemente en el sentido de derrocar la Revolución Bolivariana, sino para destruirla en la mente de las personas como un modelo viable de cambio revolucionario.

Lo que está claro es que los llamados partidos “de izquierda” establecidos en los principales Estados capitalistas no tienen estrategias de organización de base, ni ideología alternativa, ni estrategia contra-hegemónica. La izquierda institucionalizada es parte del sistema de poder y no es una fuerza de oposición. Hoy en día se mantienen quietos mientras el neoliberalismo se metamorfosea en neofascismo (o en una organización neoliberal-neofascista).

La única manera de contrarrestar esto es a través de un movimiento organizado hacia el socialismo que emane desde abajo. Esto no quiere decir que solo debemos buscar inspiración en América Latina o en el Sur global.

Hay signos de vida en la izquierda, lo que podríamos llamar un movimiento real hacia el socialismo, particularmente en el Partido Laborista de Corbyn en el Reino Unido y en el Partido de los Trabajadores en Bélgica. Estos son desarrollos estratégicos basados ​​en movimientos cuyo desafío al sistema actual es bastante serio. También en casi todas partes del mundo existe un crecimiento masivo del eco-socialismo, aunque principalmente utilizan la lucha extraparlamentaria. Creo que veremos el crecimiento mundial de lo que podríamos llamar un proletariado ambiental, ya que las luchas materiales en relación con la economía y el medioambiente ubicadas en comunidades, hogares y lugares de trabajo se vuelven cada vez más inseparables para la mayoría de las personas: una realidad material.

¿Por qué la izquierda permite que la derecha aproveche sus temas y su vocabulario?

Esto no es cosa nueva. Los movimientos en el amplio género fascista (del cual podemos incluir el fascismo clásico así como el neofascismo actual o el populismo nacionalista) siempre han explotado superficialmente la terminología socialista y la crítica al sistema en un intento de organizar su clase media baja, y los sectores de la clase trabajadora relativamente privilegiada.

Es este sentido ideológico de la “derecha radical”. Por lo tanto de este sector, (que C. Wright Mills llamó la “retaguardia” del capitalismo) se producen  ataques contra el capitalismo de compinches (pero no contra el capitalismo de clase), así como contra los financistas, los burócratas del estado y la clase media-alta, todos sectores que están generalmente por encima de la clase media baja. Esto ocurre simultáneamente con ataques a los sectores que están por debajo de la clase media baja (y la clase trabajadora privilegiada),

La construcción de un movimiento de masas contra los neofascistas (engañosamente llamados “populista”) es crucial para el combate político contra la derecha. Como se puede apreciar, el elemento dominante en el movimiento neofascista, a medida que madura, es que su cúspide es parte de la misma de la clase capitalista (multimillonarios y los ciento-millonarios), que encuentra útil en períodos de crisis el reclutamiento de los sectores más reaccionarios de la sociedad como una forma de reforzar su poder político.

Discuto todo esto extensamente en mi libro “ Trump en la Casa Blanca”. Es importante entender que la apropiación de las ideas de izquierda por esas formaciones es solo superficial y es usada de manera contradictoria. Una vez que tales formaciones políticas están en el poder, los elementos genuinamente radicales del programa neofascista (como el apoyo a los trabajadores) siempre se descartan, a favor de una estrategia que mejore directamente el poder político y económico de los sectores centrales del capitalismo y los escalones superiores del capital financiero.

A lo máximo estos movimientos representan en revanchismo oportunista. Lo que atacan en esta etapa es cada vez más un conjunto de chivos expiatorios., Deberíamos darnos el trabajo de leer el programa nazi original, que explícitamente tomó prestado el lenguaje de los obreros, para luego dejar todo de lado en su camino hacia el poder.

¿Cómo observas a gente como Sanders y Corbyn que intentan cambiar la política en un mundo ultra-capitalista donde el capital lo dicta todo?

Los fenómenos de Sanders y Corbyn a menudo se comparan, pero en realidad son bastante diferentes y ocurren en circunstancias muy diferentes. La campaña de Sanders fue en muchos sentidos asombrosa, el invocó directamente a los votantes de la clase trabajadora, algo que no se ha visto durante mucho tiempo en los Estados Unidos. Se llamó abiertamente a sí mismo como socialista y esto es una de las razones por las que los menores de treinta años marcaron su preferencia por un tipo de socialismo en lugar del capitalismo.

Sin embargo, el “fenómeno Sanders” estuvo bastante limitado por la estructura de la plutocracia estadounidense. Prácticamente tuvo cero apoyo de los políticos profesionales en su propio partido. Aquí es importante entender que el Partido Demócrata no es un partido de militantes o un partido de movimientos. Es lo que Max Weber llamó “Honoratoren Partei”, un partido controlado por élites o dignatarios que carece de un programa claramente definido o una base de participación masiva más allá del voto durante el periodo electoral . El Partido Demócrata está formado por bloques regionales y se sitúa cerca de una falsa izquierda del Partido Republicano, un partido conservador en su forma territorial.

Si Sanders hubiera sido electo no habría tenido ninguna relación real con los demócratas y habría estado mucho más alejado de su partido y del establishment que en el caso de Trump con los republicanos, sin una base política organizada.

El Partido Demócrata sigue siendo una estructura capitalista políticamente fuertemente. Al final resultó que la dirección demócrata hizo todo lo posible para detener a Sanders y, manipuló las reglas de manera corruptas, para negarle la nominación, incluso a costa de perder las elecciones.

Sin embargo, Sanders no es en absoluto un radical fuera del contexto extremadamente conservador de la América imperial. En términos de posiciones políticas, avanzó un programa moderadamente socialdemócrata, en muchos sentidos menos radical que el New Deal de la década de 1930. En cuestiones de guerra e imperialismo, generalmente se puso de lado de la maquinaria militar de Washington, aunque fue un crítico moderado en esa área.

Corbyn representa un fenómeno diferente en circunstancias bastante diferentes. El Partido Laborista en Gran Bretaña es un partido de membrecía y su gran ventaja fue atraer a un gran número de nuevos miembros debido a un programa socialista crítico. Su popularidad radica en el hecho de que ha roto con la tradición socialdemócrata británica y puede verse como una figura genuinamente comprometida en esta etapa del movimiento hacia el socialismo. Lo que hace Corbyn realmente distinto es su absoluta oposición al imperialismo, algo que lo distingue de todos los líderes anteriores del Partido Laborista.

¿Cómo ves los intentos de gente como Sanders y Corbyn que intentaron cambiar la imagen política en el mundo ultra-capitalista donde el capital impone todo?

Los fenómenos de Sanders y Corbyn son a menudo comparados, pero son realmente bastante diferentes y acontecen en circunstancias muy diferentes. La campaña de Sanders fue en muchos sentidos sorprendente, apeló directamente a los votantes de la clase trabajadora, algo que no se ha visto durante mucho tiempo en los Estados Unidos. Se calificó a sí mismo abiertamente como socialista, esta una de las razones por las que una pluralidad de menores de treinta años han indicado su preferencia en las encuestas por un tipo de socialismo a cambio de capitalismo reinante.

Pero el fenómeno de Sanders estuvo bastante limitado por la estructura de la plutocracia de los Estados Unidos. Aunque participó en las primarias del Partido Democrático recibió prácticamente cero apoyo de los políticos profesionales del partido. Aquí es importante entender que el Partido Demócrata no es un partido de militancia o un partido de movimientos. Es lo que Max Weber llamo “Honoratoren partei”, un partido controlado por élites o dignatarios y que carece de un programa claramente definido o una base de participación masiva más allá del voto en las elecciones. Está formado por varios bloques regionales y se sitúa lo más cerca posible de la izquierda del Partido Republicano ultraconservador.

¿Puede darnos su opinión sobre Syriza y Podemos?

Syriza y Podemos reflejan las fortalezas y las debilidades de la izquierda, el verdadero potencial de la rebelión y las contradicciones inherentes de los movimientos puramente populistas. Estos movimientos demuestran el potencial de la insurgencia desde abajo, pero en su rechazo a un perspectiva de lucha de clases; abren enorme brecha entre los líderes con sus bases; su insistencia en operar enteramente dentro del sistema y su perspectiva reformista puede que termine finalmente en una traición las esperanzas que han sembrado.

Esto es más obvio en el caso de Syriza en el poder, pero también con respecto a Podemos, ambos se han convertido en proyectos socialdemócratas moderados, en el mejor de los casos. La pobreza estratégica de tales movimientos es particularmente evidente por su rechazo al socialismo como una teoría, una práctica y un objetivo. La traición de las bases una vez que tales movimientos llegan al poder es parte de su ADN. Sin embargo, las fuerzas de izquierda que constituyen la base de estos partidos constituyen una fuerza material real y activa.

Debemos recordar lo dicho por Marx y Engels: “en el movimiento del presente, ellos [los comunistas] también se ocupan del futuro del movimiento”. La construcción del movimiento radical no puede reducirse simplemente a forjar una alianza electoral, sin traicionar el futuro del movimiento, es decir, el movimiento de la gente misma. Debe estar dirigido a la expropiación de los expropiadores.

Como dijo el gran Epicuro, “el futuro no es totalmente nuestro ni totalmente no nuestro”. Es un producto de nuestras luchas materiales y de nuestra relación con el mundo. Es una época donde el capitalismo significa extinción, necesariamente debemos obtener nuestra esperanza de la lucha histórica y del reconocimiento que al oponernos a la lógica del sistema, podemos detener esta precipitada carrera hacia el desastre y crear un mundo de igualdad sustantiva y sostenibilidad ecológica. Este es en efecto el mayor miedo del capitalismo: el fantasma del marxismo actual.

*Entrevista a John Bellamy Foster por Gordan Stošević e Ivan Popović para la revista “Il Grido del Popolo”.

Fuente: Kritica; https://kritica.info/

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