Pensamiento Crítico XXI

Un espacio de encuentro de conciencias para la formación-acción-transformadora

La descolonización del pensamiento-acción

Elizabeth Alves Pérez

La cultura es cosa muy distinta. Es organización, disciplina del Yo interior, apoderamiento de la personalidad propia, conquista de superior conciencia por la cuál se llega a comprender el valor histórico que uno tiene, su función en la vida, sus derechos y sus deberes.

Antonio Gramsci (1916)[1] 

La descolonización del pensamiento forma parte de la superación del sentido común alienado y se presenta como alternativa para incidir concientemente en la realidad, a partir de una acción social transformadora y prefigurada por los sujetos protagonistas del cambio. En una sociedad que limita, cada vez más, las posibilidades de actuar por el bien común resulta vital la convivencia solidaria para lograr la vida en paz y en una relación de equilibrio con los territorios donde se habita. El reconocimiento de la diversidad histórico-cultural existente en el mundo y los distintos sentidos de la historia, expresados en cosmovisiones diferentes de modos de organizarse y vivir en sociedad, permite valorar la coexistencia de comunidades y pueblos que comparten hábitats y territorios y que se articulan entre ellos para cooperar mutuamente, complementarse e intercambiar recursos y capacidades, en una relación de reciprocidad orientada al buen vivir, a una vida sana y en armonía con la naturaleza. Sin embargo, este legítimo propósito se encuentra con que el desarrollo del capitalismo a nivel mundial se mueve con una fuerza hegemónica, sin precedentes en la historia, y en un proceso de globalización generado por su lógica, contraria a esta aspiración. Este sistema fomenta la libre y desenfrenada competencia mercantil y la irracionalidad de la sociedad del consumo discriminadora y excluyente del pueblo trabajador productor de los bienes y servicios del mercado. Esta lógica envuelve a toda la humanidad en su propia vida diaria de trabajo y convivencia social, en muchos casos a niveles de sobrevivencia y total desesperanza.

La apertura del sujeto, a partir de su ubicación en el momento histórico, implica la necesidad de distinguir entre el pensamiento circunscrito al manejo de universos semánticamente cerrados de lo que es el esfuerzo del sujeto por ubicarse históricamente (Zemelman, 2005: 10)[i], en esa distinción destacamos la necesidad de romper con todo aquello que niegue su propia historia y la posibilidad de incidir en su destino, así como de ubicarse en ella como producto y como creador permanente de nueva cultura. Por eso preocupa que hasta ahora los sectores y movimientos revolucionarios que impugnan y rechazan al capitalismo tiendan a utilizar, concientes o no de sus consecuencias, el mismo método, los mismos diagnósticos e incluso los mismos instrumentos que emplean los defensores del sistema que adversan. Esto sucede por creer en la supuesta neutralidad del método y en un análisis reduccionista, fenomenológico y lineal-causal que niega la visión de la realidad como totalidad dialéctica en continuo movimiento.  A nuestro entender se trata de asumir la complejidad, la diversidad, la dinámica y la multidimensionalidad de la realidad, con un método que nos permita superar, como diría Marx: la visión de los filósofos que se ha limitado a interpretar el mundo de distintos modos; cuando de lo que se trata es de transformarlo. Afortunadamente hoy contamos con un amplio debate y una riqueza teórica conceptual dentro de la teoría crítica que rescata el carácter emancipatorio y de utopía concreta construible, que permite superar estas tendencias metodológicas e instrumentalistas, que esconden la ideología de los grupos de interés que las defienden y que lejos de ayudar a avanzar nos retroceden a posiciones pragmáticas, descontextualizadas, ahistóricas y reduccionistas.

Vivimos un momento histórico crítico en el cual la conciencia de las condiciones existentes nos permite visualizar tanto los límites de la praxis revolucionaria, como la fuerza que tiene la clase trabajadora, en toda su amplitud y diversidad de hoy, y todos los demás sectores oprimidos para construir la sociedad de lo común, del buen vivir, de la solidaridad y la paz. Todo esto nos orienta a innovar, a crear y construir teoría revolucionaria desde la acción, como algo inherente a ella. Esta unidad dialéctica entre la teoría y la práctica nos ubica dentro de la concepción del materialismo histórico y, por tanto, enfrentados abiertamente a la reacción conservadora y al revolucionarismo anticrítico que niega el debate y, por tanto, la democracia y la construcción colectiva. Por esta razón es inaplazable asumir el gran desafío de construir propuestas de empoderamiento de los saberes, por parte de los grupos organizados, para la solución de los problemas concretos que vive la sociedad en su conjunto. Para lo cual es imperativo configurar una posición alternativa que siente las bases para la transformación social e impulse una ruptura con las posiciones dominantes que permiten la preservación del actual sistema capitalista.

Esta reflexión histórica transciende a lo inmediato, a lo local, a lo propio y se coloca en la posibilidad de un cambio que se enmarca en el contexto sociopolítico actual de las primeras décadas del siglo XXI, para contribuir a articular el pensamiento conceptual y político de la revolución socialista en el mundo y en particular toda aquella que se defina como anticapitalista, anti-imperialista y anticolonial. Estas revoluciones están obligadas a innovar y crear nuevos caminos y nuevas perspectivas de logro, a partir de su realidad concreta, por eso se mantienen en permanente acecho del capitalismo mundial también renovado que, pese a los esfuerzos de transformación interna y en sus relaciones con el exterior, resulta sumamente complejo y dificultoso superar la cultura capitalista dominante que obstaculiza la praxis política transformadora coherente con los principios y enunciados de una revolución de esta naturaleza como proyecto de cambio histórico construible desde el poder popular.

Asumimos el reto de reflexionar y escribir críticamente sobre la ciencia dominante, cuestionando de entrada la cultura del conocer que domina en la actualidad a nivel mundial, por su obvia incapacidad para lograr un pensamiento transformador de la realidad. De allí la importancia de la epistemología y ontología en la que se funda la teoría que conceptualiza esta nueva ciencia de la investigación social con participación protagónica de los sectores sociales en lucha. Partimos de la convicción de que el ser humano es un ser de la praxis, que al producir socialmente sus medios de existencia material e inmaterial también crea y produce sus condiciones de vida. El ser humano es producto y productor de tales condiciones que lo convierten en un ser racional que se mueve en una relación dialéctica permanente entre teoría y práctica para pensar y hacer, en la que aspira de forma conciente un uso racionalmente humano de la ciencia para el bien de la humanidad.

En el método científico tradicional o dominante, desde hace siglos, se tiende a ocultar las diferencias ideológicas porque se le atribuye a éste el poder intrínseco de la validación del conocimiento que produce, que deriva en la imposición de un pensamiento único como parte de la dominación que permite la preservación del sistema. Al colocar la discusión en este ámbito se pretende reducir el problema a lo instrumental y dejar afuera la naturaleza misma de la producción del conocimiento humano en sociedad, en la que subyace como la esencia del saber conocer la visión epistemológica y ontológica que conecta al ser humano con su realidad y la posibilidad de incidir en ella. La complejidad del tema nos ha llevado a estructurar el discurso para responder a la necesidad de (1) apropiarnos de una visión del movimiento de la historia y de la necesidad social que se convierte en imperativo el cambio inminente, (2) comprender la praxis desde el sujeto protagonista del cambio que se empodera del conocimiento de su realidad para posibilitar un cambio real y, (3) recrear la manera como este sujeto asume su rol histórico en la producción colectiva de un proyecto comunitario-social con potencial de transformación social de raíz. Proyecto que en contenido y procedimientos se construye y reconstruye en la propia praxis social y se conceptualiza en una utopía concreta construible con su propia fuerza colectiva, en una articulación multi-espacial y multi-temporal con capacidad auto-formadora y auto-organizadora. De este modo relacionamos pasado-presente-futuro con necesidad-posibilidad-potencialidad de transformación social de forma dialéctica, histórica y multidimensional, en una nueva cultura del conocer y de creación de saberes contextualizados que parten de una epistemología ecológica y teoría crítica emancipatoria, capaz de superar el sentido común alienado y romper con la esencia del sistema con conciencia, siempre renovada, de lucha social en la creación de un poder popular con capacidad de enfrentarse, en un proceso en contracorriente y avanzar en el cambio social e histórico.

La comprensión y la configuración teórico-práctica de un proceso de descolonización del saber-pensar-hacer, desde el poder popular, le da continuidad a lo tratado sobre la dialéctica del saber emancipador, de allí que iniciemos con la precisión de una visión onto-epistemológica del sujeto de la praxis, de forma de comprender cómo se produce el rechazo popular al despojo y la destrucción de identidades culturales y cómo se convierte en la creación de espacios y caminos para el cambio social de raíz. De esta manera podemos profundizar en la racionalidad que deviene de la imagen y de la conciencia de la realidad a transformar que rompe con un saber contemplativo y reproductivo para dar paso a un saber emancipador al superar el sentido común alienado. Por eso se hace necesario previamente comprender el proceso de auto-formación y de auto-organización que vive el sujeto del cambio desde su acción transformadora social. Un proceso de conformación de conciencia individual y colectiva para actuar de acuerdo a sus posibilidades concretas, que supone un compromiso para avanzar recreando la idea de la verdad como construcción social e histórica. Esto pasa por comprender cómo se logra la ruptura con la alienación y la colonización del pensamiento, que en términos de acción concreta se inicia con la impugnación teórica y práctica de la cultura del conocer que favorece la reproducción del sistema casi sin darnos cuenta. Esta visión nos abre hacia la comprensión de ese movimiento que se da en el ser humano de un pensamiento y acción conciente para comprender el proceso de transformación permanente del sujeto-social en un sujeto-político con capacidad de comprender la realidad y construir propuestas de cambio social de raíz.

Seguidamente pretendemos orientar cómo se llega a descubrir o develar las claves del movimiento de la historia y sus tendencias más relevantes para incidir en ellas, que implica superar la apariencia fenomenológica de la realidad social que se asume cambiante y cambiable y de alta tensión social entre sectores contrapuestos. Ahí comprendemos el primer obstáculo a superar y que nos enfrenta con la cruda realidad del colonialismo del pensamiento y la acción impuesto por las relaciones mundializadas del capitalismo de hoy, así como las relaciones sociales de dominación-sumisión que se establecen y que evidencian un mercantilismo absolutista y una sociedad del consumo que estimula la competencia inhumana que está destruyendo la sana convivencia y a la naturaleza en su conjunto. Así logramos una visión de la formación de las necesidades de transformación y captación de sus posibilidades de transformación, que solo son comprensibles en las realidades concretas en las distintas formaciones socio-estatales y comunitarias donde se privilegia la relación con los territorios y la incidencia de las relaciones de producción en la división social del trabajo a nivel mundial en la era de la globalización.

En esta parte abordamos el proceso científico y la comprensión de la realidad, para el cual hemos realizado un gran esfuerzo de síntesis para abordar esta temática, amplia y compleja, desde una visión de la producción del conocimiento desde la actividad investigativa en las ciencias y en especial en las ciencias sociales. La intención es evidenciar el origen del método científico en la raíces constitutivas del ser humano y su condición de ser social. Todo ello con la intención de revertir la imagen instrumentalista y procedimentalista que se le atribuye al método, como que si éste fuera independiente de esa condición humana subjetiva-objetiva, caracterizada por la posesión y desarrollo de condiciones antropológicas especiales y herramientas mentales de la condición humana, para ver y comprender al mundo de diversas formas asociadas al desarrollo histórico-cultural de la humanidad. De esta manera evitaremos que exista una tensión lingüística en una relación de poder de subordinación-dominación que produzca, como afirma Santos (2011:15) una relación fantasmal entre la teoría y la práctica, ya que la teoría no habla con la práctica y la práctica no habla con la teoría[ii].

Esta compresión sobre un método de una ciencia para el pueblo que convierte a los propios sujetos del cambio en investigadores para la acción y productores de su propia teoría transformadora se completa con la posibilidad de asunción de su propio destino con conciencia de pasado, presente y futuro, que lo convierte en ser político e histórico y, por tanto, en creador de posibilidades concretas de cambio susceptibles de ser mejoradas en la propia praxis, como clave del avance. Todo este complejo proceso de vivencias colectivas permite ir en el camino de la comprensión-superación de la dominación-sumisión existente y configurar un modo de romper con la colonización del pensamiento y la acción. Una vez asumida esa nueva cultura del conocer, creada y recreada desde y para la acción transformadora  en los espacios concretos de lucha, entramos a profundizar en el sujeto de la praxis que se propone dicha meta. Obviamente todo cambio social de esa magnitud requiere una gran rigurosidad en la planificación de la acción conjunta, apoyada en un profundo conocimiento de la realidad y de capacidades y habilidades para apreciar los cambios que se van produciendo en la praxis social. En esencia se trata de comprender la necesidad, que tiene el sujeto protagonista del cambio social, de develar las claves del movimiento de la historia en espacios reflexivos-críticos de autoformación y auto-organización colectiva para avanzar en la creación de un saber-pensar-hacer en este mundo globalizado y mundializado de hoy.

De allí, que abordemos la praxis de reflexión-crítica creativa de ese nueva acción de producción de conocimiento al servicio de la sociedad en su conjunto, en el que se construye y comienza a ejecutar el proyecto de cambio posible con capacidad proyectiva a futuro. Un proyecto social susceptible de ser evaluado sobre la práctica y modificado de acuerdo a la valoración del impacto sobre la cultura política, social y socioeconómica y sobre las estructuras sociales institucionalizadas que perpetúan el sistema hegemónico de dominación y subordinación existente. La propuesta debe tener la fuerza suficiente para incidir significativamente en la vida cotidiana y en la sana convivencia social, con posibilidades reales de sustentabilidad para mantenerse en el tiempo. Esto último implica capacidad renovada para responder a las nuevas amenazas y obstáculos estructurales y coyunturales, en un proceso social que se sabe en contracorriente a las fuerzas hegemónica y sus expresiones internas y externas, a nivel local, nacional, regional y mundial. Las capacidades y habilidades humanas, que se expresan en el poder creativo del pueblo, se ponen en juego para crear un proyecto realizable con fuerza material y espiritual para revertir la historia a favor de las grandes mayorías. Esto permite comprender el proceso de transformación del sujeto político en sujeto histórico.

En términos generales, la lucha que los movimientos populares han emprendido contra el sistema capitalista dominante, se han ido transformando en el tiempo, incluso su valoración con respecto al llamado papel histórico relevante de unos movimientos sobre otros. Esto tiene que ver con la potencia constituyente y la correlación de fuerzas populares en la construcción del cambio necesario y posible en un contexto particular para vencer al poder hegemónico constituido y crear alternativas, democráticamente construidas desde esas fuerzas populares, como opción de cambio social de raíz, hacia la sociedad de lo común. Estos cambios históricos singulares se expresan en el propio sujeto social protagonista del mismo, que va mutando de acuerdo a los profundos cambios en el desarrollo del capitalismo a nivel mundial.

Las relaciones de poder –dominación-sumisión– implícita en la práctica hegemónica capitalista, permiten identificar las alternativas contra-hegemónicas que también tienen un carácter histórico, y responden a las necesidades particulares de transformación desde realidades espacio-temporales concretas. De allí que retomando los conceptos desarrollados en la primera parte sobre la dialéctica del saber emancipador en la que se visualiza la totalidad orgánica el trabajo cooperante, la investigación participante y la formación permanente, de los sujetos colectivos protagonistas del cambio social de raíz, se reconstruye la vivencia democrática que posibilita la creación de fuerza popular como poder constituyente. Ya que en este tipo de investigación desde y para la acción, como dice Fals Borda (2009:279)[iii], es fundamental conocer y apreciar el papel que juega la sabiduría popular, el sentido común y la cultura del pueblo, para obtener y crear conocimientos científicos.

 

Madrid, 27 de noviembre de 2017

[1] El socialismo y la Cultura, el grito del Pueblo, 29 de enero de 1916

[i] Zemelman, Hugo. Voluntad de conocer. El sujeto y su pensamiento en el paradigma crítico. México: Anthropos Editorial. 2005

[ii] Santos, Boaventura de Sousa. Epistemologías del Sur. Utopía y Praxis Latinoamericana. Año 16, no. 54. (pp. 17-39). 2011.

[iii] Fals Borda, Orlando. “Investigación de la realidad para transformarla”. En Orlando Fals Borda Antología Una sociología sentipensante para América Latina (Pp: 253-301). Bogotá: Siglo del Hombre Editores CLACSO. 2009.

 

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